Carlos Corberán y el espejo roto del Valencia CF

El técnico podría repetir la historia de tantos entrenadores: empezar con ilusión y acabar en la nada.
Carlos Corberán, entrenador del Valencia. /  @valenciacf_n
Carlos Corberán, entrenador del Valencia. / @valenciacf_n

Carlos Corberán ha cumplido un ciclo completo en Liga con el Valencia CF: 38 partidos, una temporada entera repartida entre dos campañas. El balance es tan paradójico como inquietante. El técnico de Cheste pasó de obrar un milagro en la segunda vuelta de 2024-25 —34 puntos en 21 partidos, ritmo europeo— a firmar un arranque de curso 2025-26 que roza el desastre: apenas 16 puntos en 17 jornadas. El mismo entrenador, el mismo club, dos realidades opuestas.

El contraste es brutal. El primer Valencia de Corberán fue un equipo que jugaba con hambre, que se rebelaba contra la mediocridad y que soñaba con volver a Europa. El segundo, en cambio, parece atrapado en un bucle de inseguridad y fragilidad, incapaz de sostener resultados y condenado a mirar de reojo la zona roja. Hoy, el equipo es decimoséptimo, a un solo punto del precipicio. La ilusión se evaporó demasiado pronto.

El promedio de Corberán en estos 38 partidos es de 1,315 puntos por encuentro. Una cifra que, puesta en contexto, lo sitúa por encima de Gracia, Bordalás o Gattuso, pero por debajo de Baraja y, por supuesto, del recuerdo dorado de Marcelino. El problema no es tanto el número global, sino la tendencia: un Valencia que se desinfla, que repite el patrón de desgaste que parece inevitable bajo la gestión de Meriton.

La comparación con sus predecesores es reveladora. Marcelino fue el último en mantener un nivel alto y sostenido, con 73 puntos en su primera temporada. Celades, Gracia, Bordalás y Gattuso encadenaron decepciones, destituciones y medias pobres. Baraja, por un instante, devolvió la esperanza con 54 puntos en sus primeros 38 partidos, pero también acabó arrastrado por la inercia negativa. Corberán, pese a su inicio fulgurante, parece seguir el mismo camino.

El Valencia vive atrapado en un ciclo de entrenadores que empiezan con fuerza y terminan en la debacle. Corberán no escapa a esa lógica. Su primera vuelta fue un bálsamo, su segunda un espejo roto que refleja las carencias estructurales del club. El problema no es solo de banquillo: es de proyecto, de gestión y de confianza. Mientras Meriton siga marcando el rumbo, los técnicos serán piezas de un engranaje condenado a desgastarse. @mundiario

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