Los amores a un club se demuestran con sacrificio y la forma de despedirse

Iker Casillas.
Iker Casillas.

Algunos deportistas como Donato, Mauro Silva, Valerón o Manuel Pablo tienen la suerte de jugar de titulares hasta su retirada, pero no es lo más corriente en el fútbol.

Los amores a un club se demuestran con sacrificio y la forma de despedirse

Algunos deportistas como Donato, Mauro Silva, Valerón o Manuel Pablo tienen la suerte de jugar de titulares hasta su retirada, pero no es lo más corriente en el fútbol.

En el Real Madrid, el club de las estrellas y los galácticos, especialmente porque sus ingresos lo son, ha habido jugadores que tuvieron un declive temprano o una mala racha que les ha llevado al banquillo de los suplentes. Ahí están Butragueño, Raúl, y ahora Iker Casillas, que un bajón en su rendimiento aconsejaba un descanso. Se les aguantó mucho tiempo en el campo por ser de la cantera y queridos por la afición, pero al final se marcharon a otros equipos donde podían ser titulares. Es admirable que amen su profesión como para abandonar su ciudad, y comprensible que no quieran retirarse de algo que les gusta y ha sido su dedicación exclusiva durante tantos años, pero no lo es tanto que se vean tan superiores como para no soportar en el banquillo la espera de su momento cuanto hasta Beckham lo hizo. 

La difícil afición del Madrid, quizás la más exigente por estar mal acostumbrada, sabe agradecer la entrega a un club cuando primeras figuras aguantan el banquillo animando al equipo, levantando el vestuario, y aprovechando sus minutos para ayudar al equipo que quieren, y este agradecimiento se demuestra muy especialmente con el binomio Santillana y Juanito que estuvieron mucho tiempo jugando los últimos minutos y aportando juego y goles. Quizás por eso en todos los partidos del Bernabéu, al llegar el minuto siete, la afición canta aquello de "Illa, Illa, Illa, Juanito maravilla", aunque también influyan otras cosas.

Hay otros casos donde se les termita el contrato a los jugadores y se les ofrece la posibilidad de ganar mucho dinero en poco tiempo, ya sea en EE UU o en países árabes. Estos resultan más comprensibles aunque los aficionados seguimos pensando que el que ama un club se retira en él. Hay que hacer excepción de jugadores donde sus clubes de origen son otros que no pudieron pagarle lo que ellos merecían, caso de Gordillo o Valerón.

En fín, a nadie se le escapa que toda esta reflexión viene a cuento de la marcha de Iker Casillas, cobrando hasta el último euro, los impuestos y la necesidad de demostrar que vale. Nada que objetar, pero los aficionados quizás preferían que soportase el banquillo cuando le correspondiese aunque no llorase. De todas formas esto no quita que el Madrid le debe al portero muchos títulos por los partidos que ha ganado el solo con sus actuaciones, ni que hubiese sido el mejor portero de su época y un baluarte de la Selección.

Los amores a un club se demuestran con sacrificio y la forma de despedirse
Comentarios