Sobre buenos y malos

Mi mundo, tu mundo. / Bernard Bouton
Mi mundo, tu mundo. / Bernard Bouton

Aunque es tentador tomar un partido emocional sobre cualquier conflicto, en aras de la convivencia sería deseable dar una oportunidad a la razón y no simplificar entre buenos y malos.

La otra tarde me entretuve, por pura casualidad, con ‘Land of mine’, una película que narra la historia de un grupo de prisioneros del ejército alemán que son obligados por el ejército danés a desactivar las minas colocadas en una playa al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Los desafortunados prisioneros, casi unos críos, son tratados con una brutalidad que se manifiesta a través del odio supremo de sus captores. Es lo que tienen las guerras, la suerte puede cambiar de bando y cuando pintan bastos no queda otra que tragar y rezar para que la cosa no vaya a peor porque se está expuesto a la benevolencia del vencedor o a que te pegue un tiro, según se le ponga en la bragueta.

El poder de matar libremente otorga el papel de juez y verdugo sin separar los límites, y eso es mucho.

En todos los conflictos armados siempre ha ocurrido la misma historia, los vencidos han sido  vejados y masacrados sistemáticamente. Hombres torturados, fusilados o degollados; mujeres violadas, saqueos sin control… Casi siempre conocemos las barbaridades cometidas por los vencidos porque los vencedores se encargan de hacérnoslo saber, pero rara vez salen a la luz las cometidas por quienes finalmente triunfaron. Al fin y al cabo son ellos quienes suelen escribir la historia y queda mal que se registre como aplacaron su sed de venganza.

Tras muchos siglos conocemos la brutalidad del saqueo de las tropas españolas tras la toma de Roma o que Gengis Khan ordenaba pasar por las armas todos los hombres, excepto a los artesanos, pero no es tan común que se cuenten los desmanes cometidos por el ejército aliado en su su camino hacia Berlín o el deleznable abuso de la fuerza que emplearon las tropas británicas en su desesperada huida hacia Dunquerke ¡en territorio de sus aliados franceses! Cualquiera que se rasgue las vestiduras al conocer estas verdades es un iluso, un necio o lo que es peor, un malintencionado. Al menos convengamos en que cuando se pone a ello el ser humano es despreciable. Sobre esta cuestión la Historia ha dictado su veredicto y el resultado es inapelable.

La última guerra vivida en Europa, a finales del siglo XX, nos ha dejado para el recuerdo un catálogo de horrores digno del guionista más sádico de Hollywood, con genocidios y campos de exterminio incluidos. Unas décadas antes nuestra guerra civil también lo hizo. Y antes la I Guerra Mundial. Y antes otra. Los vencedores aplican una ley que pocas veces tiene que ver con la justicia. El poder de matar libremente otorga el papel de juez y verdugo sin separar los límites, y eso es mucho. Ahora podemos hacer un ejercicio libre de interpretación y preguntarnos qué habrían hecho los represaliados si la suerte hubiese estado de su parte. ¿Habrían sido razonables o hubiesen dado igualmente rienda suelta a su particular barbarie? A estas alturas de la película no creo que a nadie le quede duda: fusilar, fusilar y fusilar. Así que dejemos de revisar la Historia otorgando la etiqueta de buenos y malos según según nos conviene en cada ocasión. Es peligroso, es falso y, sobre todo, es injusto. @mundiario 

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