Reversos
Hasta comienzos de marzo estará abierta al público una exposición del Prado que puede ser un descubrimiento para muchos. A los especialistas en Historia del Arte, restauradores, coleccionistas y marchantes, el territorio que muestra no les es desconocido. A los museógrafos, tampoco; no es la primera vez que se hace objeto museable ni pictórico el REVERSO de los cuadros, su parte de atrás. No hace falta ir a Rotterdam para ver cómo en el Depot Boijmans Van Beuningen, -tan exitoso en Holanda- las obras están dispuestas más como en un almacén, todo provisional y como de paso para su conservación y restauración. En Valladolid, una de las últimas exposiciones de éxito del MuseoNacional de Escultura Religiosa fue Almacén (el lugar de los invisibles) en que la escultura barroca adquiró en 2019 dimensiones bien distintas de las que ordinariamente tiene en un templo o en una procesión.
Reversos pictóricos
Ver el REVERSO de 105 obras –una de ellas escultórica- procedentes de 29 museos y colecciones, es ocasión única para apreciar bastantes aspectos de la producción artística y, de paso, dejar volar la imaginación al hilo de lo que se ve, en gran parte novedoso; el montaje está dispuesto sobre un fondo de intenso negro recordando la caverna de Platón, como espacio que concentre y estimule mejor, además de la información del reverso de los cuadros, la conexión de unos cuadros con otros, aunque sean de etapas distantes. Desde la Edad Media hasta el presente, se pueden advertir pulsiones, asuntos, miradas que pueden amalgamarse en un diálogo constante de unas a otras épocas históricas. La obra artística es en todas ellas un objeto material, del que habitualmente vemos solamente la parte más vistosa. Ahora, también está a la vista la que mira a la pared, oculta casi siempre, salvo para los especialistas. Al darle la vuelta, además de limpiar el polvo acumulado, se advierten, de entrada, los trabajos de los conservadores para mantener vivo el cuadro propiamente tal, los testimonios de su vida social, funciones y situaciones por que ha pasado (donaciones, propiedad, lujo, viajes, dedicatorias, comercio, guerras y devastación), y hasta las huellas que le ha impreso el trabajo del pintor con la impregnación de las sustancias de la pintura, o porque en su pobreza reutiliza materiales anteriores o de mala calidad, sin que se trate de intencionada arte pobera .
REVERSO abre la mirada también a otros aspectos que, a veces, están presentes en las artes. La hipocresía, por ejemplo, de los poderosos compradores de cuadros; sus dos caras pueden verse en una pintura de apariencia inocente, como el del sueco Martin van Meytens (S. XVIII), que no oculta el vicio de que el dueño del cuadro disfrutaría en secreto; en el propio Museo del Prado hubo una sala de estas características en tiempos no muy lejanos, como ilustran sus guías antiguas. A su vez, otra manera de ver el reverso de muchos cuadros pone en valor los sucesivos intentos, arrepentimientos, pruebas, bocetos y palimpsestos de ideas que el pintor ensaya antes de hacer la obra definitiva. Y asimismo, en un momento como el actual en que, como dice Marina Garcés, es urgente cambiar el punto de vista, porque la idea que teníamos de progreso nos ha dejado sin futuro “y no podemos seguir perdiendo el tiempo”, esta exposición facilita tomar conciencia explícita de las materias biológicas de que están hechas las obras: las telas, la maderas, clavos, herrajes, resinas, ceras y pigmentos. Con la evolución que en el paso del tiempo han tenido para sobrellevar la carcoma y otras inclemencias –incluido un bombardeo, como en la Guerra tuvo el Prado-, el cuadro, objeto frecuentemente muy preciado, es frágil.
REVERSO nos pone, además, en condiciones de advertir lo ilusoria que es la pintura. Si en Las Meninas Velázquez nos hace, mirar ante todo, el reverso del cuadro que está pintando, nos abre la puerta a que no nos dejemos seducir por lo que aparentemente vemos, lo mismo hacen Goya, Van Gogh o Rembrandt, como estímulo para que sigamos mirando y no agotemos la capacidad de descubrir y admirar lo que a primera vista no vemos. En esa dimensión va también una sección de la exposición dedicada a descubrirnos a nosotros mismos mirando. Cuando un fotógrafo capta el lenguaje corporal de los visitantes de un museo desde atrás, puede mostrar asuntos de gran interés sociológico y cultural, vacíos, ausencias, obsesiones o preocupaciones, como las de la irónica fotografía de Elliot Erwitt captando a los mirones de Las majas de Goya, Sorprendente es, asimismo, el espejo-cuadro de Pistoletto, con un Caballete con lienzo, de espaldas al espectador; de finales de los sesenta. El que al mirar el cuadro se ve reflejado dando la impresión de que se mira a sí mismo y que fuera él un pintor, con la ilusión de que estuviéramos viendo a su lado lo que estuviera pintando. En fin, el remate –o el principio, según se mire- es la trasera aparentemente vacía de un supuesto cuadro del tamaño del auténtico de Las Meninas y, sobre todo, varios trampantojos, a los que se suma un Magritte surrealista tratando de hacernos ver que lo que vemos no es un cuadro.
Distopías y retrotopías
Si una de las funciones primordiales con que nacieron los museos fue la pedagógica, la desconfianza de lo que creemos ver es una buena enseñanza que deja tras sí el paso por los REVERSOS de esta muestra. Puede ayudar a mirar con afán poético –más que como mirones pasivos de noticiarios y Redes- lo que sucede en el entorno crispado actual, tan inclinado a iracundas y catastróficas distopías. Si en el área de Palestina vemos de continuo el exceso de celo partidario, capaz de olvidar la igualdad de los humanos hasta hacer desaparecer a los distintos por razones étnicas, históricas o culturales, el reverso es la inhumanidad que nos acabará aplastando a todos mientras las furiosas olas del mar seguirán creciendo. De Gaza ya no queda casi nada, y Darwix se preguntaba ya en Menos rosas, en 1986, si la Tierra es “de todos los hombres”. Tampoco desmerece lo que estamos viendo en España, con personas de trayectoria pública incitando a un “cambio cultural”, es decir, a la revuelta en la calle, en instituciones del ámbito judicial y en la gestión de muchas Comunidades. El hartazgo de unilateralidad que provocan para no perder un ápice de sus intereses, está llegando a lo que Eric Mª Remarque ponía en boca del protagonista de Sin novedad en el frente en 1929: “Estamos de más hasta para nosotros mismos”. Este REVERSO antipedagógico de lo que la democracia debería ser puede verse como retrotopía, que oriente a la ciudadanía hacia un mundo más vivible, como proponía Bauman, pero esta esperanza roza lo imposible. @mundiario


