Si Notre-Dame fuera española hoy su aguja sería de metalcrilato o acero cortén
Hace unos años se derrumbaba una pequeña parte del muro pétreo de contención de Fontelonga, una las puertas de mar del Arsenal de Ferrol, gran ejemplo de arquitectura borbónica del siglo XVIII. Las piedras quedaron allí, in situ y cuando se procedía a colocarlas de nuevo, llegaron los arquitectos “expertos en patrimonio” y lo prohibieron. Las piedras labradas originales del muro se almacenaron y se obligó a que ese trozo se arreglara con piedra nueva y que se notara que era eso, piedra nueva. Hoy el precioso muro granítico exhibe un feo parche en esa zona, rompiendo la armonía del conjunto.
Y exactamente hace cinco años brillantes llamas anaranjadas consumían parte de la catedral gótica de Notre-Dame. La famosa e identitaria aguja de casi cien metros se desplomaba ante millones de espectadores que, desde todos los puntos del orbe, contemplaron el incendio. Su derrumbe fue uno de los momentos más sobrecogedores del siniestro.
Y estos días se reinauguraba la catedral francesa ya rehabilitada. Según los técnicos lo más complejo ha sido la reconstrucción de esta flecha y de la cubierta, que se ha realizado pieza a pieza hasta dejarla como estaba en su estado original. Se han utilizado los materiales originales madera de los bosques de Francia y 1.000 metros cúbicos de piedra de la más idéntica a la antigua que encontraron para recuperar los muros destruidos.
Lo curioso es que ni se les pasó por la cabeza hacerlo de metalcrilato ni de acero cortén. Ni que las nuevas piezas se destacaran para “que se notase lo antiguo y lo nuevo”. Nadie osó mencionar las milongas de una “recuperación conceptual del edificio alejada del falso histórico” o eso de que “no queremos convertirla en parque temático” que tanto preconizan los arquitectos españoles en las reconstrucciones de edificios antiguos.
La gran paradoja es que, según la filosofía arquitectónica que padecemos en España, hay que ser respetuosos y en las partes deterioradas o desparecidas de los edificios históricos no se puede “reproducir” exactamente lo que había. Un respeto que por cierto, ellos “se pasan por el forro” al ser completamente irrespetuosos con el estilo en el que dichos edificios fueron creados.
EVITAR UN “FALSO HISTÓRICO” PARA DEJAR UN SELLO DE AUTOR QUE DESVIRTÚA EL EDIFICIO
La pregunta del millón… ¿Lo que mueve a estos restauradores no son sencillamente puras ínfulas de autor y ansia de dejar su sello, aún cargándose el valor estético del edificio y por tanto destruyendo el patrimonio? Lógicamente, si reproducen lo que había, no se nota su mano y quieren que se note. ¿Y no tendrá mucho que ver en ello los complejos de los responsables municipales que no osan chistar para que no se les tilde de “que no entienden”? Cual cuento del Traje del Emperador callan y otorgan ante estos disparates. Y la ciudadanía ve impotente como el patrimonio de sus pueblos y ciudades se va deteriorando visualmente.
Los historiadores del arte deberían ser los únicos responsables en estas cuestiones
Y lo cierto es que la tendencia española de rehabilitar edificios históricos con elementos modernos o "parches" indigna a los historiadores del arte, que deberían ser los únicos responsables en estas cuestiones y no lo son. Las leyes están hechas por los arquitectos que hasta deciden qué edificios son patrimonio y cuales no y no hay nada que hacer.
Parece imposible que no caiga de cajón que los arquitectos deben circunscribir su ámbito de actuación a las zonas modernas. Y en las rehabilitaciones histórico-artísticas los arquitectos deberían ser sólo técnicos y en el diseño estar maniatados a los dictámenes de los historiadores del arte. No es así. Campan a sus anchas imponiendo criterios "modernos" en espacios patrimoniales que deben su ser a un estilo artístico que no debería alterarse bajo ningún concepto.
Su mantra “Tiene que notarse lo nuevo” para no caer en la falsedad histórica” lo que hace es desfigurar completamente el diseño original. Argumentan que no se puede "fingir que algo pertenece a un determinado tiempo histórico cuando se lleva a cabo en otro". . Y es que no se lleva a cabo en otro, Si el edificio se hizo en otro tiempo, rehabilitarlo, reconstruirlo o "intervenirlo" para lograr que se mantenga como estaba no es ningún "fingimiento" Al revés. Es lo menos fingido, es lo natural: que vuelva a su natural estado. Tal y como se construyó, miméticamente. Lo fingido, es lo otro, introducir materiales y volúmenes que no existían, y a los ejemplos nos remitimos.
Decenas de ejemplos
Desgraciadamente muchos edificios de nuestro país han sido víctimas de estas modas rehabilitatorias o reconstructoras. San Pedro de Lorca, devastado por los terremotos de 1674 y los de Lorca de 2011 conservaba su bóveda, una hermosa portada barroca y una nervadura ojival en el presbiterio. La supuesta “recuperación del espacio primitivo” no fue tal. En el interior aún con modernidades restauraron parte de los elementos antiguos, pero en el exterior introdujeron nuevos materiales como el acero corten, de un contraste brutal en volumen, colorido y textura con el edifico original, y sobre todo con la anexión de ingentes volúmenes cúbicos completamente ajenos al estilo de la iglesia.
Otro ejemplo ha sido la Alcazaba de Almería del siglo X cuyo contraste con un cubo de acero es tan brutal que fue en su momento, denunciada por la Unesco. La Torre de O Castro en Valdeorras, el mobiliario finlandés del santuario de Muxía, la escalera de hormigón y baranda roja del Hospital de Caridad de Ferrol, las cubiertas de chapa del edificio de Platerías en Compostela, el castillo de Villamartín en Cádiz del siglo IX. (aunque parezca broma ganó el premio internacional American Architecture Prize), el castillo de Garci Muñoz, la entrada de San Nicolás de los Paúles en Villafranca del Bierzo, la torre almohade de Huércal Overa, el soberbio tejado en mansarda del edificio neoclásico del Cuartel de Instrucción de Ferrol sustituido por un zinc aluminiado, y así podríamos seguir hasta hartarnos.
Y es que se diga lo que se diga, el respeto al edificio histórico es algo tan sencillo como la fidelidad a la realidad del tiempo en que fue construído, como han hecho en Notre-Dame "al pie de la piedra". Y en absoluto fiel a elucubraciones conceptuales de proyectistas modernos con ínfulas de autor a los que el sino de los tiempos le ha dado una voz que no merecen.
Y los franceses, como no son tontos, a ellos no les colaron en Notre-Dame las milongas que nos tragamos aquí. Y gracias a ello, su catedral lucirá gótica y radiante como se hizo en su siglo y no metamorfoseada para que según estos no sea "una catedral de parque temático". @mundiario.


