Melody planta cara a la hipocresía mediática tras su paso por Eurovisión
Eurovisión ya pasó, pero para Melody, su resaca sigue muy presente. La artista de Dos Hermanas, que representó a España con la canción Esa diva, ha roto su silencio en una comparecencia marcada por la contención, el desencanto y algunas verdades incómodas. En lugar de un regreso envuelto en celebraciones o autocríticas artísticas, Melody se ha visto obligada a defender algo tan básico como el derecho al descanso y al respeto.
Y es que su ausencia en el programa La revuelta, apenas horas después de regresar del festival, ha desatado una oleada de comentarios en los que no faltaron la sorna ni la falta de empatía. Lejos de bromear, la artista se mostró dolida por el tono de ciertos comunicadores —algunos incluso dentro de la propia Televisión Española— que no dudaron en cuestionar su decisión de tomarse unos días para estar con su hijo y recuperarse emocionalmente. No es menor el mensaje que lanza: “Por encima de todo está la salud mental”.
El episodio retrata una doble moral cada vez más frecuente en el entorno mediático: se aplaude la visibilidad de los problemas psicológicos, pero se castiga a quien decide priorizarlos cuando lo necesita. Melody no se esconde al decir que ha sido blanco de una burla revestida de humor, una risa que, en el fondo, habla más del estado de los medios que de su actuación eurovisiva.
La decepción, sin embargo, no termina en lo mediático. La cantante ha deslizado también críticas hacia la gestión artística de su propuesta por parte de RTVE, que tomó las riendas del proyecto escénico tras su victoria en el Benidorm Fest. Desde planos que no reflejaron adecuadamente el impacto visual, hasta elementos escenográficos incómodos o mal resueltos, la artista señala que su visión no se materializó como ella habría deseado. “Yo habría hecho una puesta en escena mucho más potente”, afirma sin ambages, dejando entrever que la candidatura fue domesticada por una dirección artística que desaprovechó el potencial que ella misma ofrecía.
🔴 ÚLTIMA HORA | Melody HUMILLA al enchufado del Gobierno David Broncano por reírse de su actuación: "Se han reído de mí. Hablan de la salud mental y después se tiran a mi cuello".
— Unai Cano (@unaicano10) May 26, 2025
"Me parece muy mal desde que el propio canal dijesen que bajaba la persianas". pic.twitter.com/y8NWXQbXZp
No menos reveladora ha sido su postura —o, mejor dicho, su no postura— respecto a la controversia política que ensombreció esta edición del festival: la participación de Israel en pleno conflicto con Gaza. Melody, consciente del marco contractual que le impide hacer declaraciones políticas, ha optado por una neutralidad impuesta que deja ver los límites de la libertad de expresión incluso en contextos artísticos. “No soy política, soy artista”, zanja, en una afirmación que suena más a resignación que a convicción.
El caso de Melody es paradigmático. Representa a la artista que acepta el reto eurovisivo con entusiasmo, que da la cara por su país y que, tras una actuación polémica pero digna, vuelve a casa sola, señalada y ridiculizada. Todo mientras la televisión pública, que la llevó hasta allí, parece más preocupada por alimentar el debate que por cuidar a quien puso su imagen y su salud emocional al servicio del espectáculo.
Más allá de gustos musicales o preferencias escénicas, la cuestión es otra: ¿están los medios —y, por extensión, RTVE— dispuestos a reflexionar sobre el modo en que gestionan sus talentos? ¿O seguiremos alimentando un sistema donde el artista es útil mientras brilla, pero desechable cuando necesita silencio, apoyo o comprensión?
Melody ha hablado. Lo ha hecho con más diplomacia que rencor, con más dolor que ira, pero dejando claro que el daño está hecho. Y que, en el gran show de Eurovisión, las luces también queman. @mundiario


