Eurovisión 2025: luces, dialectos y una diva española que pisa fuerte
La maquinaria eurovisiva ha vuelto a encenderse, esta vez desde Basilea, en una edición que parece decidida a mezclar las cartas del juego tradicional. La primera semifinal de Eurovisión 2025 ha evidenciado que el certamen sigue siendo un campo de batalla entre lo puramente musical, lo performativo y lo simbólico. Mientras diez países han asegurado su pase a la final del sábado, los grandes ojos de la noche también se posaron sobre Melody, la representante española, que mostró por primera vez cómo ha evolucionado su Esa diva tras su paso por el Benidorm Fest.
En un escenario que ha acogido propuestas tan dispares como una oda a la sauna finlandesa, un himno dramático al estilo Juego de tronos, o una carta de amor a la vida desde los Países Bajos, lo que queda claro es que Eurovisión ha consolidado su rol como espejo de las identidades europeas... y de sus extravagancias. La clasificación de países como Suecia, Polonia, Ucrania, San Marino o Países Bajos refleja esa tensión entre lo que el público espera y lo que las delegaciones están dispuestas a arriesgar.
La propuesta sueca ha generado un debate llamativo. Con Bara Bada Bastu, el trío KAJ ha roto moldes en un país acostumbrado a enviar pop de precisión milimétrica. La canción, un canto humorístico a la sauna, ha sido interpretada en un dialecto que mezcla sueco y finés, una rareza que recuerda cuánto territorio simbólico abarca la marca Eurovisión. A pesar del desconcierto inicial, el público ha respaldado con entusiasmo una propuesta que parece más cercana a una broma sofisticada que a una fórmula ganadora. Sin embargo, la apuesta no es inocente: Suecia sabe cómo controlar la narrativa eurovisiva y, aunque juguetona, no da puntada sin hilo.
En contraste, la actuación de Claude por los Países Bajos ha sido una de las más aplaudidas por la crítica especializada. Con C’est la vie, el joven artista de origen congoleño ha conseguido emocionar con una mezcla de sensibilidad lírica y ritmo urbano, recordando a figuras como Stromae. Su elección tras la polémica descalificación neerlandesa del año pasado ha servido para recuperar la credibilidad artística de la delegación.
Polonia ha seguido la senda del espectáculo grandilocuente, con Justyna Steczkowska liderando una propuesta visualmente imponente y musicalmente intensa con GAJA. Su puesta en escena recuerda que Eurovisión, en muchas ocasiones, es más ópera contemporánea que concurso de canciones. Otros países como Ucrania, Estonia o Portugal han sabido destacar gracias a la singularidad de sus artistas, apostando por lenguas propias, sonidos autóctonos o puestas en escena provocadoras, como la del inclasificable Tommy Cash.
Pero si alguien ha brillado con luz propia sin competir directamente, ha sido Melody. La sevillana ha presentado una propuesta mucho más pulida y ambiciosa que la vista en el Benidorm Fest. Dividida en tres actos, su nueva Esa diva es un relato escénico que combina la tradición española, el drama teatral y una estética contemporánea que apunta claramente al gusto europeo. Ha sido una de las actuaciones más comentadas en la sala de prensa internacional y su impacto ha sido inmediato: España ha subido dos posiciones en las apuestas y se acerca al top 10 con paso firme.
El mensaje es claro: la delegación española ha entendido que Eurovisión no es solo una competición musical, sino un escaparate global donde la narrativa y la puesta en escena pesan tanto como la voz. El trabajo conjunto con Mario Ruiz ha dado forma a un espectáculo pensado para impactar sin perder identidad, algo que España no siempre ha sabido hacer.
No han faltado guiños a la historia del festival, como la aparición (en vídeo) de Céline Dion, vencedora en 1988 con los colores de Suiza. Su testimonio emotivo recuerda lo que está en juego: no solo la victoria de una noche, sino la posibilidad de construir una carrera global a partir de una actuación memorable.
A la espera de la segunda semifinal, que se celebrará este jueves y definirá los últimos finalistas, lo ocurrido en la primera ronda sugiere que el sábado veremos una final heterogénea, llena de matices culturales y estrategias dispares. Y en medio de todo ello, España parece haber recuperado la fe en sí misma, con una candidatura que no solo se defiende, sino que aspira a emocionar. ¿Será esta la edición en la que nuestro país recupere la gloria perdida? Las apuestas aún no lo confirman, pero el escenario de Basilea ya ha dictado un primer veredicto: Esa diva tiene algo que decir.
Países clasificados en la primera semifinal de Eurovisión 2025:
-Islandia: VÆB – RÓA
-Polonia: Justyna Steczkowska – GAJA
-Estonia: Tommy Cash – Espresso Macchiato
-Ucrania: Ziferblat – Bird of Pray
-Noruega: Kyle Alessandro – Lighter
-Suecia: KAJ – Bara Bada Bastu
-Portugal: NAPA – Deslocado
-Países Bajos: Claude – C’est la vie
-San Marino: Gabry Ponte – Tutta l’Italia
-Albania: Shkodra Elektronike – Zjerm. @mundiario


