El 76º aniversario del fallecimiento de Miguel Hernández

Miguel Hernández
Miguel Hernández amortajado, dibujo de Eusebio de Oca 1942.

El 28 de marzo recordamos, con algún apunte, la muerte del genial Miguel Hernández, el poeta de la tres heridas: la vida, la muerte y el amor.

El 76º aniversario del fallecimiento de Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert murió en la madrugada del día 28 de marzo de 1942, a las 5.30 horas, donde su compañeros de la enfermería lo bajaron al sótano de la prisión, no a las duchas como dijeron otros reclusos. En el sótano fue donde Eusebio de Oca, recluso republicano, minusválido y maestro le hizo el famoso dibujo de Miguel amortajado con los ojos abiertos. Sobre este dibujo hubo una polémica que aclaró Eusebio Pérez de Oca, sobrino de Eusebio de Oca, como podemos ver en foto que se muestra.

El día que falleció el poeta del pueblo, por una tuberculosis, tifus y otras enfermedades carcelarias, era un sábado anterior a un Domingo de Ramos en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante, donde hoy se encuentran los Juzgados de Benalúa. Murió con los ojos abierto, como reclamando un agravio o una injusticia, no le pudieron cerrar los párpados.

Quiero recordar que fue mi amigo y gran hernandiano Gaspar Peral Baeza, (q.e.p.d.), quien en nuestro primer encuentro de marzo de 2002, me lo contó lo de los ojos casi como un secreto en el cementerio de Alicante, esperando la llega de la Senda del Poeta. Yo, por aquel entonces no me dedicaba a estudio de la vida y obra del poeta oriolano y me sorprendió el hecho de morir con los ojos abiertos. Luego  lo investigué en algunas biografías.

A las 18.15 horas del día 28 recogió el cadáver, dentro de una humilde caja de pino, el encargado de las Pompas Fúnebres por la puerta trasera del sótano. Sanidad no había dejado verlo a la familia en el sótano de la cárcel. Un coche de caballos llevó el féretro al depósito de cadáveres del cementerio de la Virgen del Remedio, detrás y andando, acompañado por cinco personas: Josefina Manresa, Elvira Hernández, Ricardo Fuente, Miguel Abad y Consuelo, una vecina de Elvira que vivía entonces en calle Pardo Jimeno 15, de Alicante. La familia, no pudieron velarlo tampoco en depósito del cementerio y lo hicieron esa noche en casa de Elvira.

Antes de enterrarlo el día 29 de marzo, a las 10 de la mañana, abrieron la caja para verlo por expreso deseo de la familia y amigos presentes (llagaron de Orihuela Gabriel Sijé y Vicente Hernández) y observaron que tenía los ojos abiertos y los dientes color azafrán y el cuerpo esquelético. No se los pudieron cerrar, porque según el médico oficial del Reformatorio Sr. José María Pérez Miralles decía en su informe: «No pudieron cerrarle los párpados por los medios mecánicos corrientes, ya que en vida dicho individuo recluso padecía un síndrome típico de hipertiroidismo con sus facies de terror (síndrome de Kaus) con su triada de fijeza, insistencia y resplandor en la mirada».

Hecha esta aclaración, pienso que en este 76º aniversario de la muerte del autor de El rayo que no cesa o Vientos del pueblo, el mejor homenaje que le podemos hacer al poeta del pueblo, es releer su obra.

La única actividad interesante en Alicante es la próxima llegada de la Senda del Poeta al Cementerio Nuestra del Remedio, el domingo 15 de abril por la tarde, de unos cientos de senderistas que viene caminando desde Orihuela, en un heroico camino que dura tres días.  @mundiario

Ramón Palmeral

Autor del libro:  "Miguel Hernández, el poeta de las tres heridas"

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