Filosofía no es historia de la filosofía

Merlí. Netflix.
Merlí. / Netflix.
Es muy probable que al menos parte del desdén de las leyes educativas en España hacia la filosofía proceda de la equívoca asimilación con su historia. 
Filosofía no es historia de la filosofía

Tras afirmar que soy profesor de filosofía, me he encontrado en varias ocasiones con una pregunta recurrente: ¿cuál es tu filósofo favorito? En realidad, no sé muy bien qué responder ante esa cuestión. Mi interés por la filosofía es, por así decir, un interés por los problemas filosóficos y no por las personas que hacen filosofía. Otra curiosidad frecuente consiste en saber si queda alguna filósofa o filósofo vivo. La respuesta suele ser que sí. De hecho, posiblemente en ningún otro momento de la historia haya habido tantos grandes talentos dedicados, parcial o totalmente, al estudio de cuestiones filosóficas…

A la hora mostrarse a la sociedad, los filósofos suelen cometer un grave error. Este consiste en confundir la filosofía con una de sus partes, a saber, la historia de la filosofía. Tal y como sucede con la medicina, la física o las matemáticas, es posible llevar a cabo un análisis histórico de la filosofía. Todas estas historias son, no cabe duda, sumamente inspiradoras e interesantes. No obstante, es común escuchar que el caso de la historia de la filosofía es peculiar respecto a otros estudios históricos. Mientras que la historia de la física o de la biología son claramente diferenciables de la física y de la biología, la historia de la filosofía sí sería, por sí misma, un caso de ejercicio filosófico. Desde luego, parece cierto que la lectura atenta de pensadores como Platón, Kant o Nietzsche fuerza a quien lee a filosofar. Pero, ¿acaso el estudio de matemáticos como Euclides, Euler o Poincaré no requiere de conocimientos matemáticos? ¿la comprensión de la vetusta pero útil mecánica newtoniana no forma parte de la física?

Como el resto de campos de conocimiento, la filosofía se enfrenta, hoy día, a una ingente cantidad de problemas en busca de resolución. Sin embargo, con la excepción de unos cuantos filósofos y científicos, la sociedad es completamente ajeno a ello. Lo son muchos estudiantes de bachillerato, dedicados en las escasísimas horas de filosofía al estudio de su historia. Me atrevería a decir que una ingente cantidad de profesores de secundaria también lo son. No se les puede culpar, las facultades de filosofía dedican una exagerada cantidad de horas a la historia. Por su parte, los escasísimos programas audiovisuales que divulgan contenidos filosóficos cometen el mismo error al centrarse en la historia. Nótese, por ejemplo, el caso de la exitosa serie Merlí o del recientemente estrenado programa This is Philosophy, de Televisión Española.

Desoyendo las recomendaciones de la UNESCO, la entrada en vigor de la LOMCE supuso que la filosofía sea duramente ignorada en la educación secundaria española. Con dicha ley educativa, los estudiantes pueden terminar la educación secundaria sin haber tenido, en todo su período educativo, una sola asignatura relacionada con la filosofía. Incomprensiblemente, la LOMLOE ha agudizado el ataque contra la formación filosófica. Es muy probable que, al menos, parte de ese desdén hacia la filosofía proceda de la equívoca asimilación con su historia. Al mismo tiempo, fascinantes problemas vinculados, por ejemplo, con la consciencia, el cierre causal del universo o la naturaleza del significado en un mundo físico, se hayan en la torre de marfil del mundo académico. Estos problemas son custodiados por unas cuantas mentes filosóficas y científicas que no suelen mostrarse interesadas en su divulgación para el gran público. Más allá de lamentar la progresiva pérdida de horas lectivas, es un deber para los filósofos mostrar a la sociedad la cara más atractiva y vigente de la filosofía. Quizás, de esta manera, esta disciplina pueda volver a ocupar el lugar que merece en la educación. @mundiario

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