El cerebro de las burlas

'Psicoanálisis de los cuentos de hadas', lectura recomendada.
'Psicoanálisis de los cuentos de hadas', lectura recomendada.
Me llama malnacida abierta y deliberadamente para unirse a los malcriados que me miran de reojo inevitablemente, hasta que ella les anima a marcharse y se queda con sus excusas. / Relato
El cerebro de las burlas

Llegué a su vida como nadie se lo espera, en un maletero, preguntando por "Mi mar" (ma mère), olvidando mis orígenes para deleitarla como un juguete nuevo.

Mientras la tía la llevaba al cine, yo permanecía encerrada en casa elaborando una guitarra con una caja de zapatos y pasando horas pintando mis obras tempranas.

A la mesa, ella era la estrella, la única, solo había oídos para ella, de modo que yo no prestaba atención a lo que se hablaba y me concentraba en comer despacito.

Por aquel entonces, por las tardes, mis compañeras se agolpaban en el portal para llevarme a jugar. Fui feliz hasta que mi hermanastra acusó su tortura psicológica, violándome y pegándome por las noches (tengo amnesia) y comenzó a animar a las burlas a todo aquel que se interesara por mí.

La difamación, a la que se unieron papá y mamá, criminalmente, mi hizo pasar una adolescencia atormentada.

El motivo según el cual a penas me comunicaba era el pánico, me llamaban Teletubbie, puesto que me asustaba la mínima cosa y no progresaba mi instinto de supervivencia, me sentía agredida por la brutalidad.

"Sabe, sabe, sí que sabe", decían las tías mientras me contemplaban jugar sola y candorosamente. Todo cambió menos mi mentalidad, ingenua, que me llevó a problemas hasta finalmente la encerrona del hospital.

Recuerdo que la primera vez que fui de fiesta con la pandilla de mi hermana, me dio mucho miedo, le tapé la boca mientras decía de todo, a lo  que yo no era capaz de responder.

En mi aturdimiento, me enseñaba videoclips que me parodiaban, los cuales enviaba a todos, bajo el éxito de mi permisividad, ya que me sentía amenazada en cualquier parte y con cualquiera.

La naturaleza fue sabia y le nació barba. Ella posaba en las fotos como si fuera mi hombre (yo no posaba en las fotos).

Esta es la historia de una tierna huérfana repudiada que no sabía la verdad. Esa verdad es lo que esta familia pelea por ocultar.

Todos los privilegios recaen en los lazos de sangre mientras yo me contemplo las venas de las que bebe un suicidio inducido y sus amigas.

Tiene una personalidad destructiva. Sigue pareciéndome un hombre en ocasiones, y otras cosas raras según lo que se proponga.

En esta casa no quepo en los recuerdos, pero son gestionados en pos de que todo cuadre. Y yo no tengo maldad, no me figuro lo que se está cociendo mientras hablo con las paredes.

Mamá anhela mi muerte a diario, harta de su paciencia. Mi padre me amenaza. Pero ella se divierte, educada vilmente en el engaño.

Siempre decía mentiras sobre mí y yo no me enteraba, me las llegaba a decir a la cara y yo no sabía lo que estaba haciendo. Pero sigue funcionando porque me ha tocado una enfermedad según la cual es mi familia la que habla por mí y no se me consienten mis derechos ni una vida normal, de modo que sigo siendo su prisionera. También su alternativa de ocio y sus pretextos.

Papá me llama demonio en todos los entierros a los que va... Mi hermanastra me llama de todo, y tiene barra libre.

Y ahora que tengo uso de razón, pido el cariño que nunca se me dio, pero el respeto que el sistema no me profesa, porque soy una bastarda y no tengo nada.

Me llama malnacida abierta y deliberadamente para unirse a los malcriados que me miran de reojo inevitablemente, hasta que ella les anima a marcharse y se queda con sus excusas. @mundiario 


   

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