Aida Soilán, autora de Orillas de Ébano: "la literatura es la libertad en sí misma"

En su obra, Morgana, periodista de Nueva Orleáns, se propone enfrentarse a la peor de las historias, la suya propia. Empieza a saber cómo reconectar con su esencia, redescubriendo su papel como mujer.

Aida Soilán. / Mundiario
Aida Soilán firma ejemplares de su novela Orillas de Ébano. / Mundiario

La escritora y periodista Aida Soilán, colaboradora de MUNDIARIO, presentó su primera novela en Lugo, bajo el título Orillas de Ébano. "Me inspiré en una esclava valiente y quise hacer algo proporcional", declara la autora, que en esta entrevista explica el contexto que rodea a su protagonista.

– ¿Qué relación debe existir entre el periodismo y la literatura?

– Sin duda lo que une al periodismo y a la literatura es la capacidad de asombro, sobre todo del escritor/periodista pero también del lector. Esta capacidad es la que construye las mejores historias. Aunque parece más sensato tener como referente a lo cotidiano llegó el momento en el que descubrí que la verdad es más compatible en gustos, sabor y color  con la capacidad de asombro, o al menos eso me gusta creer. Alguien al que admiro profundamente me dio una receta para la capacidad de asombro, según él, funciona: requiere pudor, algo de humildad, pasión, mucha verdad, constancia, trabajo y, para qué negarlo, algo de ingenuidad.                                          

– Personalmente, ¿se siente más periodista o escritora?

– Para mi ser periodista o escritora no es un traje que uno se quita o pone, tanto una cosa como la otra son más bien estados. El periodismo es un acto de fe en la libertad de las personas mientras que la literatura es la libertad en sí misma. Depende de cómo uno se sienta, esté preparado o sus capacidades se lo permitan va pasando por dichos estados que al final son formatos de relato de la vida.

– Para su primera novela, Orillas de Ébano, asegura que se inspiró en una esclava valiente y que quiso hacer algo proporcional. ¿Qué le impelió a hacerlo?

– Al terminar mi carrera como periodista en la Universidad Complutense de Madrid tuve la ocasión de hacer una serie de entrevistas a una gitana víctima de una trata de blancas cuyos  orígenes me llevaron directamente a Nueva Orleáns, de donde era oriunda toda su familia materna. Su generosidad y pasión me llevó a intentar colocar aquel reportaje en medios pero no lo conseguí. A pesar de todo yo sabía que aquello tenía un valor incalculable como algo único y genuino. Al menos yo así lo llevo sintiendo desde entonces. Ella fue mi GPS por las calles de Nueva Orleáns, me describía olores, sabores y lo hizo tan bien que aunque de verdad todavía no estuve allí, en ocasiones pienso que lo conozo como la palma de mi mano. Me enamoré de Nueva Orleáns, cuna del soul, del jazz y, sobre todo, de la magia vinculada al esoterismo, otro de los temas centrales de la novela.

–¿Por qué esa apelación al esoterismo?

– Se calcula que el mercado del esoterismo mueve solo en España en torno a los 3.000 millones de euros. Este número en Latinoamérica se multiplica hasta límites insospechados. A lo largo de la historia no son pocas las veces que se han contado las idas y venidas de brujas y magos y que aún hoy perduran en la memoria colectiva. Sin embargo, muchos expertos señalan que el inicio del esoterismo moderno empezó en el siglo XIX en Nueva York. Orillas de Ébano no propone un juicio de valor ante todo esto, sino que hace una profunda inmersión en este mercado de almas cuyo estudio me resultó fascinante.

– La madera de ébano es lisa pero muy dura. ¿Su novela?

– Es cierto que la madera de ébano es una de las más duras del mundo pero pocos saben de que a pesar de su dureza tiene propiedades terapéuticas, en concreto la semilla de ébano. Así le pasa a la novela. Morgana, periodista de Nueva Orleáns, se propone enfrentarse a la peor de las historias, la suya propia. Empieza a saber cómo reconectar con su esencia, redescubriendo su papel como mujer. Intenta con todas sus fuerzas conectar con su piel de ébano, como la de su abuelo Simón. Agarrando sus tirantes, con unas erosionadas manos, le decía: “Corazón, las casualidades no existen...”. Sería para ella mucho más que una frase. Me inspiré, la verdad, en una esclava valiente y quise hacer algo proporcional. Porque Morgana es testigo de un acto de arqueología sentimental con una mujer de origen gitano que sale de una situación de esclavitud… De como las personas nos vemos atrapadas y sobre todo las mujeres en situaciones en las que siempre hay salida aunque no la podamos ver.

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