El dilema no es república vs monarquía o república gallega vs república española
El dilema es que la ciudadanía decida sobre las bases de la futura convivencia, incluida la forma de Estado, y que la ciudadanía gallega decida sobre la ampliación de su autogobierno.
El dilema es que la ciudadanía toda decida sobre las bases fundamentales de la futura convivencia política, incluida la forma de Estado, y que la ciudadanía gallega decida sobre la ampliación de su autogobierno y su relación con las demás naciones españolas, así como su encaje en el Estado español.
Hace nueve meses, al advertir la gravísima crisis institucional que vivía el Estado español, anticipé en MUNDIARIO que la crisis de la corona era la del bipartidismo dinástico y que el problema no era tanto de monarquñia vs república o república gallega vs república española, sino de asumir los valores republicanos propios de una demcoracia avanzada y reconocer el derecho a decidir. Aquel artículo tenía abierta una segunda parte, que nunca fue escrita en espera de mejor ocasión, la cual sin duda es ésta.
Porque las pasadas elecciones europeas, la reivindicación catalana del derecho a decidir (que podría continuar Euskadi) y la abdicación del Jefe del Estado muestran graves hendiduras en los tres pilares del sistema institucional en crisis: la Corona, el bipartidismo dinástico y un determinado concepto de la unidad de España que no reconoce su plurinacionalidad. Si la eso le añadimos la desafección ciudadana generada por la corrupción, valoraremos la profunda crisis institucional que vivimos.
En este contexto, parece obligado un proceso de mutación constitucional o, por lo menos, de profunda y real reforma de la Carta Magna, a fin de sentar los pilares de una renovada convivencia política y social. Y, en este contexto, la cuestión no es República española vs Monarquía o República española vs. República gallega, sino el derecho a decidir de la ciudadanía. Recordemos que sólo los mayores de 54 años pudieron votar una Constitución en la que la Corona y la indisoluble unidad de la nación española fueron el precio a pagar por el reconocimiento de las libertades, el pluripartidismo y una limitada descentralización política.
He ahí que la ciudadanía tenga que decidir no sólo sobre la cuestión de la forma de Estado (monarquía vs república), sino sobre los demás pilares de esta revisión constituyente o re-constituyente: la modernización de nuestras instituciones políticas y administrativas, el blindaje del Estado del Bienestar, la profundización de nuestro régimen de libertades y la autonomía real del Poder Judicial. Y, concretamente, la ciudadanía gallega deba decidir también sobre la ampliación del autogoberno, el grado de relación de Galicia con el resto de las naciones españolas y su encaje, federal o confederal, en el Estado, preservando siempre su derecho a decidir, en la forma que se determine paccionadamente entre Galicia y el Estado
En lo que atañe a las soluciones jurídicas concretas, es verdad que esta reforma constitucional habría de aprobarse en referéndum, pero debería ser precedido de otras consultas previas para definir la voluntad de la ciudadanía sobre estas grandes decisiones constitucionales. Algunas serían privativas de cada nacionalidad histórica y otras del conjunto de la ciudadanía del Estado.
La peor de las soluciones, a ciencia cierta, sería empeñarse en el inmovilismo demostrado hasta ahora por PP y PSOE.