Inspirada en las películas de colegas forzados a colaborar de los años noventa, Jefes de Estado recupera esa fórmula clásica de rivalidad transformada en alianza. Pero en esta ocasión, los “colegas” son nada menos que el presidente de Estados Unidos (John Cena) y el primer ministro del Reino Unido (Idris Elba), dos figuras públicas diametralmente opuestas que se ven obligadas a trabajar juntas tras una amenaza internacional que pone en jaque la estabilidad mundial.
Desde Prime Video, la cinta apuesta por una narrativa acelerada, salpicada de diálogos chispeantes, enfrentamientos verbales y momentos de tensión que derivan en acción desmedida. Si algo hace bien Naishuller como director es manejar el ritmo. Ya lo demostró en Hardcore Henry, y aquí repite la fórmula con una edición trepidante que no deja respirar al espectador.
Lo bueno de la película
El gran acierto de la película radica en su pareja protagonista. Elba aporta sobriedad y control como Sam Clarke, un líder británico con pasado militar y una visión pragmática del poder. Cena, por su parte, interpreta a Will Derringer, un presidente hollywoodiense con alma de estrella de acción venido a más. El contraste funciona: sus roces iniciales, las miradas de desconfianza y los inevitables roces de ego acaban convirtiéndose en una dinámica cómica eficaz, donde ambos brillan en registros muy distintos.
Los acompañan secundarios que saben encontrar su espacio: Priyanka Chopra Jonas como agente del MI6 ofrece solvencia y carisma, mientras que actores como Jack Quaid o Paddy Considine se encargan de aportar pequeñas subtramas y una dosis de humanidad dentro del ruido constante.
Lo malo ¿Estados Unidos como gran salvador?
Si algo puede reprochársele a Jefes de Estado es su exceso de entusiasmo al retratar a sus protagonistas como figuras casi super heroicas. La cinta no escatima en recursos para glorificar a sus mandatarios como héroes de acción, capaces de escapar de emboscadas, vencer a mercenarios o desactivar bombas con una sonrisa. Y, por supuesto, vuelve a aparecer esa vieja fórmula del cine estadounidense en la que, pese al desastre global, es Estados Unidos quien termina salvando el planeta.
Lo ¡Meh!
La cinta sitúa la acción en un contexto de tensión internacional en el que la OTAN aparece como una formación inerte, ausente de toda responsabilidad real. En contraste, el presidente estadounidense y su homólogo británico se erigen como salvadores solitarios, lo que da lugar a un discurso político algo cuestionable, aunque envuelto en humor y pirotecnia.
Jefes de Estado no pretende cambiar el cine de acción, ni mucho menos ofrecer una crítica política seria. Es, ante todo, una comedia con tiroteos, explosiones y un dúo protagonista que se roba la atención con cada aparición. Ideal para desconectar y pasar un buen rato, pero sin esperar coherencia narrativa ni profundidad temática. Si se acepta el pacto desde el inicio, funciona como lo que es: una fantasía presidencial al servicio del entretenimiento. @mundiario


