Miguel Gila es uno de los grandes nombres del humor español. Su voz pausada, su ironía inconfundible y su mítica frase ¿es el enemigo? forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones.
Pero lo que pocos conocen es el origen de ese humor tan particular, que no nació en los escenarios, sino entre trincheras, disparos, hambre y barro. Eso es precisamente lo que cuenta ¿Es el enemigo? La película de Gila, disponible desde el 15 de abril en Movistar Plus+.
La cinta, dirigida por Alexis Morante —conocido por su trabajo en el biopic documental Bisbal—, está inspirada en El libro de Gila. Antología cómica de obra y vida, una recopilación de textos, memorias y viñetas que recorren la trayectoria vital y artística del humorista. Y es precisamente en esas memorias donde Morante encontró el germen del proyecto: “Cuando lees lo que vivió Gila durante la guerra y descubres que transformó todo ese horror en humor, entiendes que era un personaje irrepetible”, afirma el director.
¿De qué va la cinta?
El joven Miguel Gila vive con sus abuelos en una buhardilla modesta y lleva una vida tranquila. Pero el estallido de la Guerra Civil lo cambia todo. Empujado por su amigo Pedro, se alista como voluntario en el bando republicano con la ingenua convicción de que en un par de días habrán derrotado al fascismo. La realidad será muy distinta. Separado de su amigo, sin formación militar ni propósito claro, Gila se ve envuelto en una espiral de caos y sufrimiento que marcará su vida para siempre.
Desde el frente hasta la cárcel, pasando por un fusilamiento fallido del que milagrosamente salió con vida, el joven Miguel sobrevive gracias a una herramienta inesperada: el humor. En las trincheras hace reír a sus compañeros, dibuja, improvisa y, sin saberlo, empieza a forjar el estilo irónico y absurdo que le haría famoso años después. Lejos de la solemnidad épica, ¿Es el enemigo? opta por mostrar la guerra desde el punto de vista de un muchacho perdido, sin ideología, sin certezas, atrapado en una maquinaria absurda de violencia y burocracia.
Algunos críticos señalan que el guion presenta un ritmo desigual y que, al no mostrar una evolución dramática clara del personaje —Gila ya es Gila desde el inicio—, el relato pierde fuerza emocional a medida que avanza. Sin embargo, su valor reside precisamente en esa coherencia: Gila no necesitó transformarse, ya era, desde joven, ese tipo que se reía para no llorar. Y eso le convirtió en un símbolo. @mundirario


