¿The Copenhagen Test tendrá una segunda temporada?

Los showrunners revelan escenas descartadas, reflexionan sobre la vigilancia extrema que vive el protagonista de Simu Liu.
The Copenhagen Test. / RRSS
photo_camera The Copenhagen Test. / RRSS

La primera temporada de The Copenhagen Test deja más preguntas que respuestas, y esa es precisamente la intención de sus creadores. La serie de espionaje con tintes de ciencia ficción, protagonizada por Simu Liu, utiliza una misión encubierta para explorar temas contemporáneos como la pérdida de privacidad, la manipulación emocional y los límites del consentimiento en un mundo de vigilancia total.

En entrevista con Deadline, el creador Thomas Brandon explicó que el punto de partida de la serie —el hackeo mental del agente Alexander Hale— planteó dilemas inesperados durante el proceso creativo. “Aparecieron cuestiones extrañas relacionadas con el consentimiento”, reconoció, al referirse a que el personaje vive bajo una observación constante tanto por parte del enemigo como de su propia agencia gubernamental, conocida como The Orphanage.

Uno de los ejemplos más claros fue una escena de ducha que finalmente se eliminó del episodio piloto. Según Brandon, la secuencia mostraba a Alexander aceptando su misión mientras asumía que incluso los momentos más íntimos de su vida estaban siendo observados. “Funcionaba a nivel temático, pero era demasiado cómica para cerrar el piloto”, explicó. Aun así, la escena resumía la idea central de la serie: hasta dónde está dispuesto a llegar alguien para demostrar lealtad a su país, incluso sacrificando su cuerpo, su intimidad y sus relaciones personales.

¿Temporada 2 de The Copenhagen Test?

La trama se apoya en una sensación constante de paranoia que recuerda a The Truman Show, aunque con un giro contemporáneo. En lugar de ocultar información en sombras y rincones oscuros —un recurso clásico del género—, la serie apuesta por mostrarlo todo. “Lo inquietante no es lo que no ves, sino lo que ves y no entiendes”, señaló Brandon, destacando el uso de la arquitectura y la cámara siempre pegada al punto de vista del protagonista.

Otro de los ejes narrativos es la relación entre Alexander y Michelle (Melissa Barrera), una falsa historia de pareja diseñada como parte de la misión. La dinámica mezcla comedia romántica y thriller, pero también abre debates sobre el consentimiento cuando se sabe —o se sospecha— que terceros están observando cada interacción. “Fueron algunas de las conversaciones más largas en la sala de guionistas”, admitió el equipo creativo. @mundiario