Cónclave se ha convertido en una de las películas más comentadas tras la muerte del Papa Francisco, y luego de verla, podemos confirmar que no se trata de una cinta piadosa ni celestial, sino de una propuesta que se atreve a mirar de frente las sombras del poder religioso.
La historia sigue al cardenal Thomas, interpretado con hipnótica sobriedad por Ralph Fiennes, quien debe presidir el Cónclave tras la repentina muerte del Papa. Pero lo que parecía un proceso sagrado, pronto se transforma en una batalla de intrigas, secretos y ambiciones por controlar el Vaticano. La gran pregunta que atraviesa la película: ¿quién es verdaderamente digno de guiar a la Iglesia?
Crítica de Cónclave
Pese a que las expectativas eran bajas, la sorpresa fue mayúscula. Lejos de ser un relato plano sobre la elección papal, Cónclave se convierte en un thriller contenido, donde la tensión se construye con miradas, silencios y revelaciones. Fiennes se adueña de la pantalla, mientras Thomas se ve envuelto en un juego de poder donde la fe choca contra la ambición.
Lo más interesante es cómo el filme dialoga con el presente: no esquiva los escándalos de la Iglesia, ni el debate sobre su papel en un mundo cada vez más diverso y cuestionador. Desde la inclusión de temas como el respeto interreligioso hasta el rol de la mujer en la sociedad, la película invita a reflexionar sobre el verdadero sentido de la fe en tiempos de crisis.
A nivel técnico, es un deleite visual. La dirección de Edward Berger brilla en cada plano, y la banda sonora acompaña con precisión los momentos de mayor intensidad emocional. Sin ser una obra celestial, Cónclave es un drama sólido, provocador y estéticamente impecable. @mundiario
