Hace 130 años en Málaga
En el Centro, el ciclón arrancó varios árboles y causó desperfectos en muchas casas. La zona que más sufrió fue la de Pescadería, donde el viento arrasó con la mayoría de casetas y barracas de los pescadores.
En cada ciudad hay historias y anécdotas que perduran en el tiempo y en Málaga capital alguna vez han surgido algunas como las de las inundaciones, ya con menos fuerza debido a las obras realizadas por varios alcaldes. Como fue el caso en los años 80, de D. Pedro Aparicio, que remodeló la ciudad de forma muy oculta, porque fueron infraestructuras de evacuación y ensanches de ciertas partes de la ciudad y estructuras básicas de la misma. Dando pie a las sucesivas reformas que se ven hoy en día.
Pero vamos a la historia que queremos contar, un artículo que en su momento comenzamos a realizar el ya fallecido Juan Manuel Díaz Romero y yo, como entretenimiento e información para nosotros y para los demás.
Hace 130 años, el 29 de octubre de 1879 la ciudad sufrió la llegada de un ciclón.
Todo empezó en la madrugada del día 28, cuando una lluvia torrencial provocó que el río Guadalmedina, cicatriz de la ciudad que la dividía y divide de norte a sur, se desbordara por la calle Postigo de Arance y, como en otras ocasiones, se inundaran el Perchel y la Trinidad. Dos barrios cercanos al mar y por debajo del resto de la ciudad, de forma que el agua de forma natural caminaba hacia ellos cada vez que caía.
Sobre las 8 de la mañana del día 29, se pudo ver como en el mar, frente al barrio de la Pescadería (este barrio se extendía entre la Alameda y el mar, antes del ensanche de Heredia), se formaba una manga o torbellino de viento, que luego penetró en la ciudad y la recorrió diagonalmente, hasta perder fuerza. Una segunda manga se formó sobre Gibralfaro y causó estragos en los jardines y las casas de recreo de la zona de Barcenillas.
En el Centro, el ciclón arrancó varios árboles y causó desperfectos en muchas casas. La zona que más sufrió fue la de Pescadería, donde el viento arrasó con la mayoría de casetas y barracas de los pescadores.
Afortunadamente, no hubo víctimas mortales, aunque varios heridos y contusionados tuvieron que ser atendidos en las casas de socorro.
Existe un grabado del año 1879, con el croquis realizado por D. Emilio de la Cerda, publicado en la Ilustración Española y Americana, con el título Málaga – Aspecto que presentaba el Paseo de la Alameda en el momento del paso del ciclón, que hoy en día se puede seguir consiguiendo.
Otro 29 de octubre, esta vez del año 95 fue otra fecha para la ciudad de Málaga muy importante en cuanto a precipitaciones, ya que las lluvias provocaron en la ciudad el caos durante unos días, mientras el agua tomaba de nuevo su cauce y dejaba las calles para realizar su salida, sobre todo por el cauce del río Guadalmedina.
Río que de toda la vida ha estado poblado bajo sus puentes de todo tipo de personas sin recursos, quienes en algún caso se convirtieron en personajes de los barrios. Con un hilo de agua que en verano desaparecía en los momentos más calurosos, por la falta de precipitaciones.
Pero volviendo al siglo XIX con una Málaga en lo más alto de la España industrial, con múltiples fábricas instaladas a lo largo de su costa –y provincia-, entre otras muchas, con acerías, conserveras, tejidos y una fuerte industria alimenticia, que desde todos los rincones de la provincia convergían en la capital, para su distribución y proceso. Las inundaciones produjeron un ligero freno en la economía local, ya que los barrios situados en las partes altas de la ciudad descargaron sobre la parte baja todo el acúmulo de agua, allá por donde pasaban los caminos que llevaban a los dos mayores centros de distribución como eran el puerto y la estación de ferrocarril situada en el Perchel, junto al cuartel de aviación, que se colapsaron durante un par de semanas, hasta la limpieza de los caminos, que tuvieron a los arrieros sin trabajo (los antiguos transportistas, quienes con sus animales y diligencias, movían las mercancías por los caminos), ya que sobre todo la salida hacia Granada, al norte, estaba en malas condiciones.
El otro río, el Guadalhorce hasta el siglo XX producía inundaciones a lo largo de su historia, pero al estar alejado de la capital los daños eran agrarios, pero casi nunca personales, ya que las edificaciones cercanas no eran poblaciones de baja cota, sino construidas sobre colinas o lomas, debido precisamente al miedo por las correntías que se aumentaban con el cauce del río Campanillas que aportaba toda el agua caída desde la antigua Oscua, zona romana, hoy entre las poblaciones de Almogía, Villanueva del Rosario y demás, entre montañas, que recogen con fuerza las aguas y las encaminan rápidamente, por el perfil de sus lomas, hacia los cauces que se llenan y mueven muy rápidamente, provocando riadas virulentas y sin previsión, más que el conocimiento del clima y de los años de experiencia, cosa difícil para muchos, quienes por estar donde no debían, construir en zonas inundables, etc.., han padecido su furia a lo largo de los tiempos. Paliado en parte por la construcción de la presa de Casasola, que retiene las aguas provenientes de las cuencas altas de la provincia, de forma que no se unan al cauce del Guadalhorce aumentando de forma exponencial el volumen de agua transportado en los últimos kilómetros hasta la desembocadura, hoy en día protegida por su fauna y flora específica. Así como la duplicidad de cauces que se construyeron, precisamente para salvaguardar las urbanizaciones, polígonos y aeropuerto, con las crecidas del río, pudiendo desviar el volumen que el propio cauce del Guadalhorce no era capaz de soportar, hacia los nuevos y artificiales cauces que liberan la presión, multiplicando por dos la posibilidad de salida del agua hacia el mar. @mundiario