Enfermedades con las que no se puede o no se recomienda viajar en avión
Viajar en avión es una de esas experiencias que todos queremos vivir alguna vez en la vida. Incluso aquellas personas que tienen miedo a volar o a las alturas sienten atracción por saber qué se siente en el despegue, durante el trayecto o en el aterrizaje. Y es que montar en avión puede convertirse en una práctica de lo más atractiva y en algunos casos llega transformarse en una adicción. Ahora bien, embarcar también implica cumplir una serie de requisitos por parte de los pasajeros sin los cuales podríamos vernos forzados a no viajar. ¿Tenemos derecho a compensación? En muchos casos sí, pero no todas las situaciones están avaladas y protegidas por los derechos de los pasajeros.
Uno de estos casos es el de aquellos pasajeros que sufren alguna enfermedad y han comprado un billete. Si se trata de una afección transitoria, siempre queda la esperanza de que el día del vuelo nos encontremos más recuperados. Sin embargo, existen dolencias crónicas que impiden o desaconsejan tomar un avión, tanto que la tripulación podría hacer bajar de la aeronave si observa nuestra enfermedad sin que hayamos avisado previamente a la compañía.
Desde luego, no es un tema que se deba tomar precisamente a la ligera, así que en los siguientes párrafos hablaremos sobre cuáles son esas enfermedades y qué soluciones ofrecen las aerolíneas.
Enfermedades con las que no podremos viajar
Incluso si el pasajero se encuentra en buen estado, padecer ciertas dolencias, ya sean crónicas o transitorias, le impedirán viajar en avión. Si embarca sin aviso previo, podrá ser expulsado sin derecho a reclamación.
Embarazadas
Estar encinta no suele ser una pega para que una mujer viaje en avión, pero llegados ciertos periodos de la gestación, las aerolíneas sí pueden impedirle que embarque o, directamente, la harán bajar en caso de que haya entrado. Como política general, las embarazadas de 9 meses no pueden viajar, aunque algunas compañías lo adelantan hasta los 7 meses. Sólo si se cuenta con una autorización especial del médico la compañía podrá valorar la no denegación de embarque.
La compañía Aeroméxico, por ejemplo, informa en su política de que las personas con situaciones de salud especiales deben hacer una solicitud de viaje al menos 72 horas antes del vuelo. En el caso de las embarazadas, tendrían que informar de su estado, posiblemente con pruebas médicas.
Enfermos contagiosos
Otra de las afecciones que nos impedirán volar son aquellas altamente contagiosas y que se transmiten por el aire. La prueba más reciente ha sido la del COVID-19, aunque existen otras muchas. El pasajero no podrá embarcar y podrá ser expulsado del avión si evidencia esta dolencia. La única opción es contar con un certificado médico que asegure que el paciente no implica riesgo de contagio o que la enfermedad se encuentra en estado de remisión.
Aeroméxico puede exigir a estos pacientes además una prueba clínica que acredite el certificado médico, lo que puede implicar un retraso en la salida del avión. Si finalmente el resultado avala el certificado, podremos reclamar una compensación por retraso de vuelo a Aeroméxico, además de no poder denegarnos el embarque de ningún modo.
Bebés prematuros
Al igual que las embarazadas en el último mes de gestación, los nacidos de forma prematura no pueden viajar en avión salvo que cuenten con una autorización médica especial. Aun así, las compañías aéreas pueden reservarse el derecho de no atender al certificado y no dejarán que una madre y su bebé prematuro embarquen.
Enfermedades con las que no se recomienda viajar
Pasamos ahora a esas dolencias que, aunque no nos impiden montar en avión, sí pueden ocasionarnos problemas serios durante el trayecto.
Enfermedades cardíacas y vasculares
Quizá este sea el grupo más conocido de dolencias. Existen dos motivos principales para que sea peligroso montar en avión con estas enfermedades. El primero está en los cambios de presión que sufre el cuerpo con la bajada y subida de la aeronave; esto influye en el ancho y estrecho de las vías por donde circula la sangre, pudiendo provocar trombos o insuficiencias cardíacas severas. El segundo motivo es el sedentarismo. Especialmente en trayectos largos tendremos que permanecer sin movernos durante muchas horas, lo que puede influir negativamente en nuestra circulación.
Infecciones en nariz y oído
Las congestiones provocadas por enfermedades como el resfriado, la sinusitis, la rinitis, la alegría o la gripe pueden provocar dolores severos de oído debido a los cambios de presión. De hecho, en caso de enfermedades como la otitis, la bajada y subida de presión en periodos cortos pueden producir una perforación en el tímpano que genere problemas aún mayores.
Pacientes de operación reciente
Los pasajeros que se hayan sometido a una operación deben esperar, al menos, una semana para embarcar en un avión, aunque lo ideal es viajar a partir de la tercera semana. De lo contrario, el pasajero corre riesgos como la apertura de los puntos por los cambios de presión o la expansión de las bolsas de aire que se quedan en el interior como consecuencia de la intervención.