Ríos del Oeste de EE UU: nuevos aliados inesperados contra el cambio climático

Un estudio sugiere que muchos ríos occidentales absorber dióxido de carbono de la atmósfera, lo que desafía décadas de consenso sobre su papel como emisores netos de CO₂.
Río en California (EE UU). / Pexels
Río en California (EE UU). / Pexels

Durante años, los científicos consideraron que los ríos del planeta liberaban más dióxido de carbono (CO₂) del que absorbían. Sin embargo, un nuevo análisis de todos los sistemas fluviales de los Estados Unidos continentales ha puesto en duda esa visión.

La investigación, liderada por la biogeoquímica Taylor Maavara, del Cary Institute of Ecosystem Studies, revela que numerosos ríos del Oeste estadounidense podrían estar actuando como sumideros de carbono, es decir, absorbiendo más CO₂ del que emiten.

El trabajo, publicado en la revista Science, constituye la evaluación más completa realizada hasta ahora sobre el metabolismo de los ríos, e introduce una nueva perspectiva sobre su papel en el ciclo global del carbono. Según Maavara, “los ríos son una de las partes más inciertas del ciclo global del carbono. Por eso, para equilibrar los presupuestos globales, necesitamos entender de dónde proviene el carbono en los ríos y hacia dónde va”.

Hasta ahora, la mayor parte de los datos sobre el metabolismo fluvial procedía de ríos boscosos del noreste de Estados Unidos, regiones templadas y húmedas donde el exceso de materia orgánica favorece la emisión de CO₂. Sin embargo, Maavara y su equipo ampliaron la mirada incorporando zonas tradicionalmente subestimadas —como desiertos, matorrales y regiones áridas del Oeste— para obtener una visión más representativa del país.

Para ello, los investigadores emplearon datos del Servicio Geológico de EE UU (USGS), que registran tasas de fotosíntesis y respiración en cientos de ríos. A partir de esos valores, entrenaron un modelo de aprendizaje automático (machine learning) capaz de estimar el metabolismo de los ríos en áreas donde no existen mediciones directas. El modelo evaluó factores como la cantidad de luz disponible, la temperatura del agua, el flujo de los ríos y el contenido de nutrientes y materia orgánica.

El resultado fue un panorama mucho más diverso: los ríos no son uniformemente emisores, y algunos pueden comportarse como auténticos sumideros naturales de carbono, especialmente en zonas donde el sol incide directamente sobre el agua y el aporte de materia orgánica es menor.

El Oeste, un laboratorio climático natural

Según los resultados, alrededor del 25% de los tramos fluviales del Oeste estadounidense absorben más carbono del que emiten cada año, en contraste con solo el 11% de los tramos en el Este. Esto sugiere que las condiciones de los ecosistemas áridos —más sol, menos vegetación que bloquee la luz y menor carga orgánica— podrían favorecer la captura de carbono mediante la fotosíntesis acuática.

“Eso es lo que observamos en el Oeste, donde abundan estos entornos áridos”, explicó Maavara. “Nuestro trabajo sugiere que los ríos considerados atípicos en estudios anteriores podrían ser más comunes de lo que creíamos, especialmente en áreas poco estudiadas”.

El coautor del estudio, Pete Raymond, de la Universidad de Yale, señaló: “Estimar el metabolismo fluvial a gran escala ha sido un desafío esquivo, pese a su importancia para entender las redes tróficas y la biodiversidad acuática. Este trabajo mejora nuestra comprensión de cómo funcionan los ríos y permitirá una gestión más eficaz de estos ecosistemas esenciales”.

Aunque, en conjunto, los ríos de Estados Unidos todavía emiten más carbono del que absorben, el estudio revela que el balance neto de emisiones podría ser mucho menor de lo estimado hasta ahora. Además, Maavara cree que estos resultados podrían aplicarse a otras partes del mundo, dado que cerca del 65% de la superficie terrestre global es árida o semiárida.

El hallazgo tiene una implicación interesante: el cambio climático podría estar, paradójicamente, intensificando la capacidad de ciertos ríos para absorber carbono, al menos temporalmente. Con temperaturas más altas y menores precipitaciones, el flujo de los ríos se ralentiza, lo que permite una mayor penetración de la luz solar y, por tanto, más fotosíntesis. No obstante, si los cursos de agua se secan por completo, ese efecto se pierde y los cauces podrían volver a convertirse en fuentes de CO₂.

“Todavía existe mucha incertidumbre sobre los presupuestos de carbono en los ríos y arroyos”, advirtió Maavara. “Pero este estudio nos acerca varios pasos a reducir esa brecha en la comprensión del ciclo del carbono, lo que a su vez nos ayudará a gestionar y mitigar el CO₂ atmosférico”.

El trabajo de Maavara y su equipo redefine el papel de los ríos en la lucha contra el cambio climático. En lugar de considerarlos meros emisores, el estudio invita a contemplarlos como componentes dinámicos y variables del ciclo del carbono, cuyo comportamiento depende de factores geográficos, climáticos y ecológicos específicos. @mundiario

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