Por qué se celebran en redes los “trucos tóxicos” para controlar a tu pareja

Se presentan como consejos inocentes o bromas entre enamorados, pero los vídeos que enseñan a espiar, rastrear y controlar a la pareja se han convertido en un fenómeno viral en TikTok e Instagram.
Una pareja revisando el móvil. / RR SS.
Una pareja revisando el móvil. / RR SS.

“Hola, mis loquitas tóxicas...” Así comienza uno de los tantos vídeos que circulan en redes sociales enseñando a controlar a la pareja con métodos dignos de un espía: desde rastrear su ubicación hasta escuchar conversaciones sin permiso. Con millones de visualizaciones, estos contenidos se multiplican a velocidad de vértigo en plataformas como TikTok, Facebook o Instagram. ¿Por qué se viraliza algo tan evidentemente dañino? La respuesta está en la mezcla explosiva de algoritmos, drama emocional, inseguridad y falta de educación afectiva.

La psicóloga Elena Daprá lo resume de forma cruda: “El algoritmo premia lo polémico, el drama amoroso vende, se romantiza el control y hay carencias emocionales evidentes en una audiencia muy joven”. Estas publicaciones ofrecen soluciones rápidas —y tóxicas— a miedos profundos: el temor a ser engañado, abandonado o no ser suficiente. Lo que debería gestionarse con diálogo y madurez emocional, se intenta resolver con trucos digitales que violan la intimidad del otro.

El problema no es solo el contenido, sino cómo se presenta: como “tips”, como “consejitos graciosos”, como “trucos que toda novia celosa debería saber”. La abogada Paloma Llaneza lo denuncia con claridad: usar el término “truco” banaliza una conducta que no es ni divertida ni inofensiva. Es manipulación. Es violencia. Y en muchos casos, también es delito.

Porque sí, muchos de estos “consejos” pueden acabar en un tribunal. Según el experto en privacidad Samuel Parra, revisar el móvil de tu pareja, acceder a sus redes o escuchar sus conversaciones sin consentimiento puede conllevar penas de hasta cinco años de cárcel. Incluso con consentimiento, los tribunales evalúan si este fue libre o fruto de una relación desigual, marcada por el chantaje emocional o la dependencia.

La pasividad de las redes sociales

Aun así, las plataformas apenas reaccionan. TikTok, por ejemplo, asegura que estos vídeos “cumplen las normas de la comunidad”. Y ahí está el otro gran cómplice: la pasividad de las redes sociales, más interesadas en mantener el flujo de contenido viral que en proteger la salud mental de sus usuarios. Que el buscador de TikTok sugiera automáticamente frases como “trucos tóxicos Instagram” no es casualidad: es un síntoma de una lógica de recomendación que prioriza lo adictivo sobre lo ético.

Pero también somos responsables como sociedad. Nos hemos acostumbrado a reírnos del “te revisé el móvil” y a justificar el control con frases como “es que una vez me fueron infiel”. Lo que debería alarmarnos, lo aplaudimos con likes. Y lo que debería tratarse en terapia, se transforma en contenido viral.

Detrás de cada uno de estos vídeos hay un mensaje peligroso: que el amor justifica la vigilancia, que si te importa alguien debes saberlo todo sobre él o ella, que es normal desconfiar. Pero el control no es amor. Es ansiedad, es inseguridad, es una herida sin sanar. Como recuerda la psicóloga Laura Olmedilla, “si necesitas espiar a tu pareja, no estás enamorado: estás asustado”.

Las consecuencias no son solo legales. También son emocionales. Una relación basada en el espionaje digital y la falta de confianza está condenada a la inestabilidad, la dependencia emocional y el sufrimiento. “Se romantiza el control, pero lo que realmente se siembra es el miedo”, explica la terapeuta Beatriz Belmonte.

La solución no es tan viral, pero sí más eficaz: educación emocional, autoestima, comunicación sincera y, si es necesario, apoyo psicológico. Porque amar no debería doler, y mucho menos debería implicar espiar. Y porque la privacidad —incluso en pareja— no es un lujo: es un derecho. @mundiario

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