Los primeros cazadores de Sudamérica se alimentaban de gigantes de la Edad de Hielo

Un nuevo estudio arqueológico en Argentina reabre el debate sobre la extinción de la megafauna en América del Sur al demostrar que los primeros humanos dependían de los grandes animales como parte esencial de su dieta.
Perezoso gigante (Megatherium). / Diego Barletta - CONICET
Perezoso gigante (Megatherium). / Diego Barletta - CONICET

La historia de la alimentación humana en la prehistoria acaba de adquirir una nueva dimensión. Un equipo internacional de arqueólogos, liderado desde Argentina y con datos recopilados en Chile y Uruguay, ha demostrado que los primeros pobladores de Sudamérica cazaban de manera sistemática a los animales gigantes de la Edad de Hielo. Entre ellos se encontraban los perezosos gigantes, armadillos colosales y otras especies de megafauna que desaparecieron hace unos 11.600 años.

Los hallazgos, publicados en la revista Science Advances, sugieren que la dieta de aquellos grupos no se centraba únicamente en animales medianos como guanacos o ciervos, como se pensaba hasta ahora, sino que dependía en gran medida de estas presas enormes y energéticamente más rentables. Esto abre la puerta a reinterpretar las causas de la desaparición de la megafauna en el continente.

Hasta hace pocos años, la hipótesis dominante atribuía la extinción de estas especies principalmente a los efectos del cambio climático tras el final de la última glaciación. El papel de los humanos era considerado secundario: se creía que las comunidades cazadoras-recolectoras carecían de la capacidad para presionar de manera decisiva sobre poblaciones tan grandes.

Sin embargo, el nuevo estudio cuestiona esa idea. El análisis de restos fósiles hallados en 20 yacimientos arqueológicos de la región muestra que, en 15 de ellos, más del 80% de los huesos corresponden a megafauna ya extinta. Además, los investigadores encontraron marcas claras de cortes y señales de procesamiento humano en muchos de esos restos, lo que confirma su uso como alimento.

¿Cómo cazaban a los gigantes?

Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es la explicación de la lógica detrás de esta estrategia de caza. Los investigadores aplicaron un modelo de “ranking de presas” que compara la energía aportada por distintos animales con el esfuerzo invertido en capturarlos. El resultado fue contundente: los perezosos gigantes y otros mamíferos de más de 44 kilos ofrecían un retorno energético mucho mayor que los animales menores.

De esta forma, los primeros humanos en la región no solo aprovechaban los restos de grandes animales encontrados muertos, sino que los cazaban de manera sistemática, priorizando a los gigantes de la Edad de Hielo. Como señalan los autores, esto “derriba uno de los principales argumentos en contra de la hipótesis de que la actividad humana contribuyó de manera central a la desaparición de la megafauna”.

La metodología arqueológica fue clave para llegar a estas conclusiones. El equipo excavó y clasificó miles de restos en yacimientos con dataciones anteriores a los 11.600 años, cuando todavía convivían humanos y megafauna. Los huesos fueron examinados con lupa en busca de señales inequívocas de actividad humana: cortes por herramientas líticas, fracturas intencionales para extraer médula y acumulaciones en zonas de asentamiento.

En palabras de los investigadores: “Nuestros resultados colocan a los cazadores-recolectores en el centro del debate sobre la extinción de los grandes animales, al demostrar que no eran un recurso ocasional, sino un pilar de su subsistencia”.

El vacío tras la desaparición de la megafauna

Otro hallazgo significativo es la evolución posterior de la dieta. Los análisis muestran que la diversificación en el consumo de animales medianos y pequeños se produjo únicamente después de la extinción de los grandes. Es decir, no fue una estrategia complementaria, sino una adaptación forzada ante la desaparición de los gigantes.

Este cambio alimenticio refuerza la hipótesis de que la presión de caza humana jugó un papel mayor, al menos en Sudamérica, en la desaparición de especies como el perezoso gigante o los armadillos acorazados.

El estudio no solo redefine cómo cazaban y se alimentaban los primeros humanos en América del Sur, sino que obliga a reconsiderar la narrativa de la extinción de la megafauna. La interacción entre factores climáticos y presión humana probablemente actuó de manera combinada, pero la investigación aporta evidencias sólidas de que la caza tuvo un impacto mucho más decisivo del que se asumía. @mundiario

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