Perros que “piensan en palabras”: pueden extender significados según la función de los objetos

Un equipo de investigadores descubren que los perros con habilidades excepcionales para aprender nombres pueden aplicar esos términos a nuevos objetos basándose en su uso, no en su apariencia.
Perros jugando. / Pixabay
Perros jugando. / Pixabay

Un nuevo estudio publicado en la revista Current Biology ofrece una ventana única al modo en que los perros procesan el lenguaje humano. La investigación revela que ciertos canes, conocidos como “aprendices dotados de palabras” (Gifted Word Learners), no solo memorizan nombres de objetos, sino que también pueden extender esos significados a otros completamente nuevos si cumplen la misma función, independientemente de su forma o color.

En los humanos, esta “extensión de etiquetas” es uno de los pilares del desarrollo temprano del lenguaje: un niño aprende que “cuchara” puede referirse tanto a una de sopa como a una de postre, o que un vaso y una taza cumplen la misma función de contener líquidos. En animales no humanos, este fenómeno se había observado únicamente en individuos entrenados durante años en entornos controlados, lo que hacía difícil estudiar su alcance real.

El equipo dirigido por la etóloga Claudia Fugazza aprovechó una ventaja singular: estos perros habían aprendido de manera natural, en sus casas, los nombres de decenas de juguetes. Esto permitió a los investigadores evitar largos procesos de entrenamiento y estudiar cómo los perros generalizan significados en un contexto similar al de los niños pequeños.

El experimento se realizó en cuatro etapas y en un entorno doméstico. Primero, cada perro aprendió dos nuevas etiquetas, como “pull” (tirar) y “fetch” (traer), que no se referían a un único juguete sino a grupos de objetos muy diferentes entre sí, unidos solo por la forma de jugar con ellos. En la siguiente fase, los investigadores evaluaron que los perros habían entendido correctamente cada etiqueta.

La parte más crucial fue la fase de generalización. Los dueños introdujeron nuevos juguetes, con formas y texturas distintas, y jugaron con ellos de la misma manera, pero sin pronunciar ninguna palabra. Después, cuando se les pidió a los perros que eligieran un “pull” o un “fetch”, seleccionaron el objeto adecuado con una precisión muy superior al azar, lo que demostró que habían extendido la etiqueta al nuevo objeto basándose en su función.

Según el coautor Adam Miklósi, este hallazgo demuestra que “la clasificación vinculada a etiquetas verbales puede surgir en especies no humanas que viven en entornos naturales”. El estudio abre la puerta a explorar cómo habilidades relacionadas con el lenguaje pueden haberse desarrollado de manera convergente en animales que conviven estrechamente con los humanos.

La investigación no solo aporta información sobre la cognición canina, sino que también desafía la idea de que la comprensión de categorías funcionales es exclusiva de los humanos o de animales extensamente entrenados. Sugiere que los perros, cuando están inmersos en un entorno rico en interacciones verbales, pueden desarrollar habilidades conceptuales que se asemejan en cierto grado a las humanas.

A pesar de los resultados, los autores destacan que estos resultados deben tomarse con cautela: la muestra se limitó a siete perros (seis border collies y un perro ganadero australiano) con una capacidad inusual para aprender nombres. Aun así, el hallazgo es significativo porque representa la primera evidencia de generalización funcional de etiquetas verbales en un entorno naturalista y sin años de condicionamiento intensivo. @mundiario

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