La investidura de Trump impulsa a los gigantes tecnológicos a alinearse con su política

Durante la administración de Biden, se investigaron las grandes empresas del sector por monopolio, pero el magnate advirtió que dividirlas podría ser "peligroso" para mantener su fortaleza frente a China.
Elon Musk, Mark Zuckerberg y Donald Trump. / Mundiario
Elon Musk, Mark Zuckerberg y Donald Trump. / Mundiario

A solo una semana de la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, las grandes empresas tecnológicas están moviendo sus fichas para acercarse al nuevo mandatario. Figuras como Elon Musk, Tim Cook y Mark Zuckerberg han protagonizado gestos recientes que evidencian una estrategia de colaboración con la administración republicana, en un contexto marcado por el poder de las gigantes de la industria tecnológica y la influencia de Trump en el panorama político y económico.

Elon Musk, propietario de Tesla, SpaceX y X, ha emergido como un confidente clave de Trump, consolidando una relación que podría influir en la política tecnológica del nuevo gobierno. Mientras tanto, Tim Cook, director general de Apple, y otros líderes tecnológicos como Sam Altman (OpenAI) y Dara Khosrowshahi (Uber) han realizado donaciones personales de un millón de dólares para la ceremonia de inauguración presidencial. Empresas como Meta, Amazon y Perplexity también han contribuido financieramente, reforzando sus lazos con la administración entrante.

En paralelo, Trump ha iniciado reuniones estratégicas con líderes como Cook y Zuckerberg en su residencia de Mar-a-Lago. Zuckerberg, en particular, ha llevado a cabo un cambio significativo en las políticas de Meta, eliminando la verificación externa de contenidos en Facebook e Instagram en favor de un sistema de comentarios comunitarios inspirado en el modelo de X. Este cambio, que se probará inicialmente en Estados Unidos, marca un giro en la moderación de contenidos y plantea nuevas preguntas sobre el manejo de la desinformación.

El anuncio de Zuckerberg ha generado controversia por múltiples razones. En primer lugar, el modelo de comentarios comunitarios ha sido criticado por permitir la proliferación de contenido dañino, como ocurre en X. Además, el cambio contrasta con los esfuerzos previos de Meta por combatir la desinformación tras el escándalo de Cambridge Analytica en 2017. Este giro político parece ser una reconciliación con Trump, después de que Zuckerberg decidiera eliminar las cuentas del expresidente tras el asalto al Capitolio en 2021.

El escándalo de Cambridge Analytica se centró en la recopilación y uso indebido de datos de millones de usuarios de Facebook para influir en campañas políticas, especialmente en las elecciones de EE UU de 2016. La firma, contratada por la campaña de Trump, utilizó información de aproximadamente 50 millones de usuarios sin su consentimiento a través de una aplicación de test de personalidad.

Los datos permitieron crear perfiles psicológicos de votantes, facilitando la segmentación de mensajes políticos personalizados y la propagación de noticias falsas, lo que influyó en la percepción pública y en el resultado electoral. El escándalo tuvo graves repercusiones para Facebook, que perdió alrededor de 37.000 millones de dólares en un solo día tras la revelación del uso indebido de datos, y fue criticada por no proteger adecuadamente la información de sus usuarios.

El regreso de Trump a la Casa Blanca también supone un nuevo escenario para las grandes tecnológicas. Durante la administración de Joe Biden, empresas como Google, Microsoft, Meta y Apple enfrentaron investigaciones por prácticas monopolísticas. Sin embargo, Trump ha señalado que dividir a estas compañías podría ser "peligroso", destacando su interés en mantenerlas fuertes para competir contra China en áreas estratégicas como la inteligencia artificial, semiconductores y computación cuántica.

Sin embargo, permitir el crecimiento de monopolios tecnológicos puede llevar a una concentración excesiva de poder en manos de unas pocas empresas. Esto no solo limita la competencia estadounidense, sino que también puede resultar en prácticas empresariales que perjudican a los consumidores, como precios más altos, menor innovación y una reducción en la calidad de los servicios.

Paralelamente, al fortalecer a las grandes tecnológicas puede llevar a una dependencia excesiva de estas empresas para la competitividad. Si bien es cierto que estas compañías pueden ser fundamentales para el avance en áreas como la inteligencia artificial y la computación cuántica, esta dependencia puede ser problemática.

En un contexto de tensiones geopolíticas, como las que existen entre Estados Unidos y China, una dependencia de empresas que operan a nivel global puede comprometer la seguridad nacional con respecto a su infraestructura y desarrollo tecnológico. Si estas empresas priorizan sus intereses comerciales sobre los de la nación, y no existe una normativa regulatoria sólida que proteja los proyectos estadounidenses, podrían poner en riesgo la soberanía tecnológica y la capacidad de Estados Unidos para actuar de manera independiente en el ámbito internacional.

A pesar de este creciente apoyo republicano, no todo el equipo de Trump es favorable a las grandes empresas. Algunos republicanos, como el propio vicepresidente J.D. Vance, han expresado su desconfianza hacia estas compañías, mientras que Trump mantiene un enfoque crítico hacia las decisiones de moderación de contenidos, especialmente en Meta.

Las tecnológicas ven en Trump una oportunidad para contrarrestar las regulaciones estrictas que enfrentan en la Unión Europea, donde leyes como la de Servicios Digitales (DSA) y la de Mercados Digitales (DMA) han impuesto nuevos estándares de transparencia y responsabilidad. El ambiente en territorio estadounidense les permitiría operar con mayor libertad, facilitando la expansión de sus modelos de negocio sin la presión de cumplir con normativas estrictas. @mundiario

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