¿Bonobos con imaginación? Un estudio desafía lo que se sabe sobre la evolución de la creatividad

Una fiesta de té con bonobos abre nuevas perspectivas sobre la evolución de la mente y cuestiona la idea de que la capacidad de fingir y la fantasía es exclusiva de los humanos.
Bonobos. / Pixabay
Bonobos. / Pixabay

La creencia de que la imaginación y el juego simbólico son habilidades exclusivamente humanas ha dominado durante décadas el estudio del comportamiento animal. Sin embargo, un reciente estudio científico ha puesto en duda este paradigma tras demostrar que algunos simios pueden utilizar su imaginación y participar en juegos de fantasía.

La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad Johns Hopkins y publicada en la revista Science, utilizó experimentos similares a una “fiesta de té” infantil para analizar la capacidad cognitiva de un bonobo llamado Kanzi, revelando resultados que podrían modificar la comprensión de la evolución de la mente.

El trabajo científico se centró en evaluar si los simios pueden representar mentalmente objetos inexistentes en un contexto experimental controlado. Tradicionalmente, la imaginación se ha considerado un rasgo central de la cognición humana, vinculado al pensamiento abstracto, la planificación futura y la creatividad. No obstante, los investigadores plantearon la hipótesis de que esta capacidad podría tener raíces evolutivas mucho más antiguas, compartidas con otros primates.

El estudio sostiene que la habilidad de comprender objetos imaginarios podría formar parte del potencial cognitivo de los grandes simios, especialmente aquellos que han desarrollado interacción cultural con humanos. Este hallazgo sugiere que los orígenes de la imaginación podrían remontarse hasta nueve millones de años atrás, cuando los humanos y los bonobos compartían un ancestro común.

Para poner a prueba esta teoría, los investigadores diseñaron experimentos inspirados en los juegos simbólicos infantiles. El protagonista principal fue Kanzi, un bonobo de 45 años que fue conocido por su capacidad para comunicarse con humanos y responder a instrucciones verbales.

En uno de los experimentos principales, el equipo colocó sobre una mesa recipientes transparentes completamente vacíos, incluyendo una jarra y dos tazas. El investigador simuló verter jugo imaginario en ambas tazas y posteriormente fingió vaciar una de ellas. Después, preguntó a Kanzi dónde se encontraba el jugo. El bonobo señaló correctamente la taza que supuestamente contenía el líquido imaginario en la mayoría de las pruebas, incluso cuando se cambiaba la posición de los recipientes.

Este comportamiento evidenció que el animal no solo seguía los movimientos físicos del investigador, sino que era capaz de construir mentalmente un escenario ficticio y mantener la coherencia dentro de ese contexto imaginario.

Diferenciar entre lo real y lo imaginario

Para evitar interpretaciones erróneas, los científicos realizaron pruebas adicionales destinadas a comprobar si Kanzi confundía objetos imaginarios con reales. En un segundo experimento, colocaron una taza con jugo auténtico junto a otra con contenido imaginario. Cuando se le pidió elegir, el bonobo seleccionó el jugo real en la gran mayoría de los intentos, demostrando que podía distinguir entre ambos niveles de representación.

En un tercer experimento, el equipo aplicó la misma lógica utilizando uvas ficticias. Tras simular que una uva había sido colocada en uno de dos recipientes transparentes, Kanzi volvió a identificar correctamente la ubicación del objeto imaginario. Aunque sus respuestas no fueron perfectas, el nivel de acierto superó ampliamente el resultado esperado por azar, fortaleciendo la validez de los hallazgos.

El estudio incorporó un diseño experimental progresivo que incluyó fases de entrenamiento, pero con controles para evitar que el bonobo respondiera únicamente por condicionamiento. En varias pruebas, Kanzi no recibió recompensas por respuestas correctas, lo que permitió descartar que sus elecciones fueran simples reacciones aprendidas.

Los investigadores utilizaron múltiples escenarios experimentales para evaluar diferentes variables cognitivas, como la memoria, la representación simbólica y la capacidad de comprender contextos ficticios. El análisis estadístico de los resultados confirmó que el rendimiento del bonobo excedía lo que podría explicarse por azar o imitación mecánica, lo que respaldó la interpretación de que el animal poseía una forma básica de imaginación.

Un cambio de paradigma en la comprensión de la mente animal

Los científicos llegaron a sus conclusiones combinando observaciones conductuales con análisis comparativos sobre cognición animal. La consistencia de las respuestas de Kanzi, sumada a su habilidad para distinguir entre objetos reales e imaginarios, permitió inferir que el bonobo era capaz de generar representaciones mentales independientes de estímulos físicos presentes.

Además, el estudio contrastó sus resultados con observaciones previas de chimpancés salvajes que utilizaban objetos como si fueran crías o herramientas ficticias. Aunque estos comportamientos habían sido considerados anecdóticos, la investigación proporcionó por primera vez evidencia experimental controlada que respalda la existencia del juego simbólico en animales no humanos.

El hallazgo abre nuevas perspectivas en el estudio de la evolución cognitiva. Si la capacidad de fingir y representar objetos imaginarios ya existía en el ancestro común de humanos y bonobos, la imaginación podría no ser una característica exclusivamente humana, sino una habilidad que evolucionó gradualmente en los primates.

Sin embargo, los investigadores advierten de que aún existen limitaciones. Kanzi fue criado en un entorno con intensa interacción humana, lo que plantea interrogantes sobre si simios sin ese contexto cultural desarrollarían las mismas capacidades. Por ello, futuros estudios buscarán analizar la imaginación en otros primates y explorar aspectos relacionados, como la capacidad de pensar en el futuro o interpretar estados mentales de otros individuos. @mundiario

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