España autoriza la donación de órganos entre personas con VIH
Durante más de tres décadas, una norma de 1987 impidió en España lo que ya era una realidad en países como Sudáfrica o Estados Unidos: que personas con VIH pudieran donar órganos a otras en su misma situación. Esta prohibición no solo limitaba las oportunidades de trasplante para decenas de pacientes cada año, sino que también perpetuaba, desde el propio sistema sanitario, uno de los estigmas más persistentes en torno a esta infección. Ahora, con la derogación definitiva de aquella orden, España se sacude los miedos del pasado y se alinea con la evidencia científica y la justicia social.
El cambio normativo anunciado por el Ministerio de Sanidad entró en vigor este martes y abre una puerta largamente cerrada. A partir de ahora, los pacientes con VIH que necesiten un trasplante podrán recibir órganos de donantes fallecidos o vivos que también estén infectados, si así lo desean. Es un paso más allá de lo estrictamente clínico: es el reconocimiento de que el VIH ya no puede seguir tratándose como una condena ni como una condición que inhabilita para salvar o recibir una vida.
Según datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), solo en la última década, 65 personas fallecidas con VIH podrían haber sido donantes si la legislación lo hubiera permitido, generando hasta 165 trasplantes. El número, en sí mismo, ya justifica la revisión legal, pero la decisión del Gobierno va más allá de lo cuantitativo. Es, como lo ha definido la directora de la ONT, Beatriz Domínguez-Gil, “una deuda histórica”. Porque no se trataba solo de salvar vidas, sino también de saldar una cuenta pendiente con una población que ha sido marginada y silenciada durante demasiado tiempo.
Mónica García, ministra de Sanidad, ya había adelantado la intención del Ejecutivo durante el Día Mundial del Sida. Con este gesto, se normaliza una práctica que la medicina lleva tiempo demostrando segura y eficaz. Más de mil trasplantes a personas con VIH se han realizado en España en los últimos años con buenos resultados, pero hasta ahora siempre con órganos de donantes no infectados. El nuevo marco amplía las posibilidades y, sobre todo, rompe con una lógica discriminatoria que se mantenía por inercia.
Una victoria sanitaria, científica y humana
La autorización de la donación de órganos entre personas con VIH es mucho más que una decisión técnica. Es una afirmación ética, una victoria sanitaria, científica y humana. Porque en 2025 ya no es aceptable que el miedo del pasado siga marcando las decisiones del presente. La medicina ha cambiado, y con ella debe cambiar también la mirada que proyectamos sobre quienes viven con el virus.
Este avance no habría sido posible sin el trabajo acumulado de décadas. Desde principios de siglo, con la llegada de la terapia antirretroviral, el pronóstico del VIH cambió radicalmente. Lo que antes era sinónimo de muerte se convirtió en una enfermedad crónica controlable. En 2005, España ya dio un paso importante con el Documento de Consenso Nacional que permitió los primeros trasplantes en personas con VIH. Pero el siguiente paso, el más simbólico, ha tardado casi 20 años. @mundiario

