El apagón y el clima: la Aemet desmiente la teoría de un “fenómeno meteorológico extraño”

Paneles solares. / Freepik
La hipótesis de una supuesta “vibración atmosférica inducida” afirma que vientos o cambios térmicos extremos habrían desestabilizado el suministro. Pero la ciencia ha hablado claro: el clima no tuvo nada que ver.

En medio de la incertidumbre generada por el histórico apagón eléctrico que afectó a gran parte de la península el lunes 28 de abril, emergieron teorías de lo más diversas. Entre ellas, algunas voces apuntaron a causas meteorológicas como posibles responsables del colapso del sistema eléctrico nacional. La hipótesis de una supuesta “vibración atmosférica inducida” —un fenómeno prácticamente desconocido para el público— comenzó a circular en algunos medios y redes sociales, insinuando que vientos o cambios térmicos extremos habrían desestabilizado el suministro. Sin embargo, la ciencia ha hablado claro: el clima no tuvo nada que ver.

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) se ha apresurado a desmentir con contundencia estas conjeturas, aclarando a través de sus canales oficiales que “no se detectó en España ningún fenómeno meteorológico o atmosférico inusual” durante las horas críticas del apagón. Esta afirmación, respaldada por la amplia red de estaciones meteorológicas que cubren el territorio nacional, desmonta la posibilidad de que un evento atmosférico repentino haya provocado la desconexión masiva de hasta 15 gigavatios de potencia —casi el 60 % del suministro eléctrico habitual— en apenas segundos.

La claridad del mensaje de Aemet no deja lugar a dobles interpretaciones. No hubo vientos reseñables, ni cambios de temperatura extremos, ni perturbaciones en la atmósfera. Ni siquiera se registraron oscilaciones térmicas relevantes que pudieran influir en la red eléctrica. A esta negativa se suma el desmentido de Red Eléctrica de España, que ha dejado claro que las oscilaciones de los flujos de potencia observadas no guardan relación alguna con condiciones meteorológicas, y que tampoco existe indicio alguno de ciberataques. Los factores atmosféricos quedan descartados como causantes del incidente.

La teoría de la “vibración atmosférica” —por muy atractiva que pueda sonar a los oídos menos técnicos— no encuentra respaldo empírico en este caso. La propia agencia de noticias Reuters, que llegó a publicar la hipótesis inicialmente al citar una fuente ligada a las Redes Eléctricas Nacionais de Portugal, retiró la información al no encontrar evidencia verificable.

El sistema eléctrico español

Lo cierto es que el origen del apagón parece tener más que ver con un problema estructural del sistema eléctrico que con los elementos. El creciente peso de la energía fotovoltaica —que llegó a representar el 70 % de la producción en el momento del corte— plantea nuevos desafíos de estabilidad.

Las renovables, aunque imprescindibles para avanzar hacia un modelo sostenible, presentan particularidades técnicas: son más sensibles a fluctuaciones, dependen de condiciones externas y pueden desconectarse automáticamente ante perturbaciones, como medida de autoprotección.

Este episodio debe servir como recordatorio de la necesidad de fortalecer nuestra red eléctrica con mecanismos de almacenamiento, mayor interconexión internacional y respaldo suficiente para absorber caídas inesperadas de producción. Pero también como advertencia contra el impulso de buscar explicaciones ajenas a la realidad científica. Culpar al clima de una crisis cuya raíz se encuentra en la arquitectura del sistema eléctrico es desviar el foco y obstaculizar las soluciones reales.

El apagón del 28 de abril no tuvo orígenes meteorológicos, sino de la tierra: de decisiones técnicas, de la transición energética incompleta y de un sistema aún en proceso de adaptación. Y frente a los relatos que apelan al misterio atmosférico, la ciencia —una vez más— ofrece respuestas claras y verificables. Ignorarla no solo es irresponsable, sino peligroso. @mundiario