¿Adiós al Ozempic?: llegan los nuevos fármacos contra la obesidad

La nueva generación de medicamentos aspira a hacer perder la cuarta parte del peso a quienes los toman.
Un hombre se inyecta Ozempic. / RR SS.
Un hombre se inyecta Ozempic. / RR SS.

Durante años, la obesidad ha sido vista como una cuestión de voluntad: comer menos, moverse más. Sin embargo, los avances científicos y farmacológicos están demostrando que el problema es mucho más complejo y que la solución podría residir en la modulación hormonal del apetito.

Desde hace décadas, la explicación predominante de la obesidad ha girado en torno a un balance calórico simple: ingerir menos calorías de las que se consumen. Sin embargo, según un artículo publicado en Science en 2023, no existe consenso sobre las causas reales de la epidemia de obesidad. Incluso el sedentarismo, a menudo considerado uno de los principales factores, no cuenta con evidencias concluyentes. Esta falta de acuerdo también se refleja en el ámbito médico: en febrero de este año, un editorial en The Lancet señalaba la ausencia de una definición consensuada sobre lo que constituye la obesidad.

En este contexto, los nuevos fármacos contra la obesidad han irrumpido con fuerza, desafiando la visión tradicional del problema. En 2017, la FDA aprobó la semaglutida (comercializada como Ozempic) para el tratamiento de la diabetes, pero su capacidad para reducir el apetito y provocar una pérdida de peso del 15% en 68 semanas la convirtió rápidamente en una solución eficaz para la obesidad. Su principal competidor, la tirzepatida, de la farmacéutica Eli Lilly, combina el efecto del GLP-1 con el GIP, logrando una reducción de peso promedio del 20% en 72 semanas.

Regulan el hambre y la saciedad

Pero la industria farmacéutica no se detiene aquí. Con un mercado que podría alcanzar los 100.000 millones de dólares en 2030, hay más de 100 compuestos en fase de investigación. La retatrutida, también de Lilly, añade el glucagón a la fórmula y ha demostrado reducir hasta un 24% del peso corporal en ensayos clínicos. Mientras tanto, Novo Nordisk desarrolla Cagrisema, que combina el GLP-1 con la amilina para mejorar la saciedad.

Estos fármacos actúan sobre mecanismos hormonales que regulan el hambre y la saciedad, desafiando la idea de que la obesidad es simplemente una consecuencia del consumo excesivo de calorías. "Hasta ahora, trabajamos por ensayo y error, pero ya estamos a punto de tener herramientas para medir qué hormona le falta a nuestro paciente", explica Andreea Ciudin, coordinadora de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad del Hospital Vall d’Hebron. Esto podría abrir la puerta a una medicina de precisión, donde los tratamientos se adapten a las necesidades individuales.

A pesar del entusiasmo, los expertos advierten que estos fármacos deben ir acompañados de cambios en el estilo de vida. Manuel Tena, catedrático de Fisiología de la Universidad de Córdoba, subraya que su impacto va más allá de la pérdida de peso, mejorando la resistencia a la insulina y revirtiendo la diabetes tipo 2. Sin embargo, insiste en que su uso debe reservarse para casos en los que la obesidad no responde a otras medidas.

El desafío radica en encontrar un equilibrio entre el potencial de estos fármacos y el riesgo de que la sociedad los vea como una solución fácil. "No es solo perder peso rápido, sino hacerlo de manera saludable y sostenible", advierte Cristóbal Morales, endocrinólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. @mundiario

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