Las vidas bajo los escombros en Fez: por qué se repiten los derrumbes urbanos en Marruecos
El colapso de dos edificios residenciales en Fez, con al menos 22 personas fallecidas y más de una docena de heridos, no es solo un suceso trágico; es la expresión visible de un problema que se ha ido sedimentando durante años. En el barrio Mostaqbal, estos inmuebles de cuatro plantas se levantaron sobre una licencia que solo permitía dos. Es decir, nacieron con una fractura moral y estructural, como quien construye un tejado sin pilares confiando en que el viento no sople jamás. Y aun así se esperaba que resistieran.
Los vecinos habían alertado de fisuras, de crujidos, de señales que en cualquier ciudad deberían activar una inspección inmediata. Pero la respuesta nunca llegó. Y cuando la noche del martes los edificios cedieron, no lo hicieron en silencio: arrastraron consigo la pregunta que nadie quiere oír pero todos conocen. ¿Por qué se repiten estas tragedias?
La cadena de responsabilidades y el laberinto urbanístico
El caso de Fez no es aislado. En mayo, otro edificio se vino abajo en la misma ciudad, con nueve víctimas mortales. La Fiscalía ha abierto una investigación, y las autoridades urbanísticas tendrán que mostrar permisos, licencias y planos. Y ahí reside uno de los nudos centrales: un modelo de construcción que crece más rápido que la capacidad de supervisión del Estado.
Porque cuando se permite —de forma explícita o por simple omisión— que se levanten plantas adicionales sin control técnico, se está empujando a miles de familias a vivir en edificios que, en realidad, son castillos de arena. Cada ampliación ilegal no es solo un incumplimiento administrativo: es un riesgo estructural oculto bajo capas de pintura y yeso.
La expansión urbana de Fez, como la de tantas ciudades en crecimiento, ha sido el escenario perfecto para que convivan viviendas seguras con otras improvisadas, donde los límites entre legalidad y permisividad se difuminan hasta volverse invisibles.
Lo que esta tragedia dice sobre el futuro urbano
El derrumbe obliga a abrir un debate más profundo: cómo construir ciudades que no hundan a quienes las habitan. No basta con investigar después; la clave está en actuar antes. Reforzar los sistemas de inspección, crear mecanismos de denuncia que funcionen y garantizar que ninguna familia tenga que elegir entre vivir donde puede y vivir con seguridad.
Las ciudades son organismos vivos y, como tales, necesitan cuidados constantes. Ignorarlos es como dejar que la humedad corra por una pared hasta que acaba siendo un agujero por donde se escapa la vida. Este suceso debería servir para impulsar políticas urbanas que no se limiten a castigar irregularidades, sino que brinden alternativas reales, planes de rehabilitación y una cultura de responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanos.
Porque los edificios no caen de repente, caen poco a poco. Y cuando por fin se derrumban, lo que se desploma no es solo hormigón: es la confianza en que las instituciones son capaces de proteger el espacio más básico y más humano, el hogar. Marruecos —como tantos otros países en desarrollo urbano acelerado— tiene ante sí la posibilidad de aprender de esta tragedia y reconstruir no solo muros, sino garantías. Lo urgente ahora es que el eco de estos escombros no vuelva a repetirse en forma de una nueva crónica inevitable. @mundiario