La tragedia en Valencia revela fallos en la comunicación de alertas rojas

Coches apilados tras ser arrastrados por una riada en la Comunidad Valenciana. / X.
Expertos y políticos debaten ahora sobre los fallos en la cadena de información y la urgencia de una gestión de riesgos adaptada a la crisis climática.

El 29 de octubre, una Dana (depresión aislada en niveles altos) golpeó con dureza a la Comunidad Valenciana. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) había activado una alerta roja para toda la provincia de Valencia horas antes del desastre, pero el mensaje no pareció llegar a la ciudadanía a tiempo. Las autoridades emitieron la alerta a las 9:41 de la mañana, y el sistema de emergencia Es-Alert, encargado de difundir alertas a los móviles, avisó a los ciudadanos de Valencia recién a las 20:03, cuando ya se registraban desbordes en ríos y barrancos en varios municipios.

El retraso en la comunicación y el impacto del desastre reavivaron el debate sobre la eficacia del sistema de alertas de emergencias en España y la preparación de los ciudadanos ante fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular (PP), ha señalado que los organismos públicos, como Aemet y la Confederación Hidrográfica del Júcar, no facilitaron la información necesaria a tiempo. En defensa del presidente valenciano Carlos Mazón, Feijóo afirmó que la gestión autonómica depende directamente de la precisión y oportunidad de los datos proporcionados por instituciones centrales.

Sin embargo, Jorge Olcina, catedrático en Climatología y experto en riesgos naturales de la Universidad de Alicante, considera que el aviso de Aemet fue emitido adecuadamente y en tiempo. Para este, la clave del problema reside en la falta de conciencia ciudadana frente a la gravedad de las emergencias, destacando que “la gente debería ser consciente de que con una alerta roja no se puede salir de casa, lo que nadie contemplaba es que la gente saliera como si fuera un día normal”. Este comportamiento, según el experto, fue determinante en el número de víctimas.

El sistema de avisos en España sigue el plan Meteoalerta, que usa códigos de colores en función del riesgo. Pero el problema no parece estar en el aviso inicial, sino en la cadena de comunicación que sigue a la alerta roja. La responsabilidad de gestionar las emergencias recae en los servicios de protección civil de las comunidades autónomas, quienes deben trasladar la información de manera inmediata y efectiva a la población. Francisco Martín León, meteorólogo, recalca que en situaciones de alerta roja “hay que pedir a la población que se quede en casa”. En Murcia, se prohibió el movimiento de vehículos y se suspendieron las clases el día anterior a la emergencia, una medida que en Valencia llegó demasiado tarde.

Sistemas de gestión de riesgos

Desde el ámbito académico, la socióloga Guadalupe Ortiz explica que el problema va más allá de culpar a un organismo o autoridad específica. “Lo que está fallando es el sistema en general”, afirma la experta, quien trabajó en el proyecto VegaRenhace tras la dana de 2019 que devastó la comarca de La Vega Baja del Segura. Durante esa investigación, el equipo de Ortiz elaboró un catálogo de mensajes de alerta dirigidos a la ciudadanía, recomendando indicaciones claras sobre cómo actuar en casos de inundaciones.

La socióloga defiende la importancia de mensajes detallados, que incluyan recomendaciones específicas para el uso de vehículos y la preparación de los hogares, además de advertencias contra la difusión de rumores y bulos.

Los expertos coinciden en que el cambio climático intensifica estos fenómenos meteorológicos y urge revisar los sistemas de gestión de riesgos. Ortiz destaca que el sistema Es-Alert y las redes sociales pueden ayudar en la transmisión de alertas, pero subraya que es esencial que los mensajes sean claros, concisos y lleguen con anticipación. En su informe, el equipo de VegaRenhace incluyó alrededor de 90 mensajes de alerta, adaptados a cada fase de la emergencia, desde la preparación previa hasta las instrucciones posteriores a la catástrofe.

La tragedia en Valencia expone una necesidad urgente: adaptar el sistema de alertas a las nuevas realidades climáticas. La mejora en la comunicación y en la gestión de riesgos resulta esencial para proteger vidas y minimizar el impacto de futuros eventos extremos. @mundiario