El tifón Kalmaegi deja más de 100 muertos en Filipinas y ciudades sumidas en el caos
El tifón Kalmaegi ha dejado un escenario devastador en Filipinas, con más de 100 fallecidos, cientos de miles de evacuados y localidades enteras cubiertas de barro y restos de viviendas. La provincia de Cebú ha sido el epicentro de la tragedia, una región costera conocida por su dinamismo económico y turístico que, sin embargo, ha mostrado su fragilidad estructural ante fenómenos climáticos extremos. Se trata del vigésimo tifón que golpea el archipiélago este año. Esto no es una casualidad ni un mero capricho de la naturaleza, sino una manifestación creciente de la relación entre océanos más cálidos, lluvias más intensas y sociedades expuestas sin protección suficiente.
En Filipinas, el número de muertos a causa del tifón Kalmaegi aumentó a más de 100 y 26 desaparecidos, según el último balance.
— Noticiero El Salvador 🇸🇻 (@NoticieroSLV) November 5, 2025
De acuerdo con las autoridades, las víctimas se deben principalmente a las inundaciones generalizadas y los deslizamientos de tierra provocados por las… pic.twitter.com/H2nxfswRJT
Cuando hablamos de desastres naturales, solemos centrarnos en el viento, la lluvia o la fuerza del agua, pero lo verdaderamente determinante es la vulnerabilidad de los territorios. Cebú, con miles de personas viviendo cerca de ríos y laderas, sin planes urbanos integrales ni sistemas de alerta eficaces, se convierte en una especie de castillo de arena frente al mar. El oleaje no destruye porque sí, destruye donde hay desigualdad, falta de previsión y ausencia de infraestructuras resilientes.
La fuerza del agua y la fragilidad urbana
Las imágenes son elocuentes: calles transformadas en ríos marrones, contenedores arrastrados como si fueran cajas de cartón, familias refugiadas en tejados. No es solo una historia de viento. El principal peligro de Kalmaegi fue el agua. En apenas 24 horas cayeron más precipitaciones que el promedio mensual. Lo que para algunos puede parecer una cifra técnica, para quienes lo vivieron fue un muro líquido imparable, rápido y sin aviso.
La gobernadora de Cebú lo definió como una situación sin precedentes. Y lo inédito no es la existencia de tifones, que forman parte del ciclo climático en la región, sino la intensidad súbita con la que se fortalecen ahora. La ciencia lleva años explicando este fenómeno: océanos más calientes significan tormentas más potentes y lluvias más densas. No hay sorpresa, lo que hay es falta de acción.
La reconstrucción no es solo levantar muros
A medida que las aguas retroceden, muchas familias vuelven a sus barrios para descubrir que no queda prácticamente nada. Aquí surge la pregunta que nos interpela a escala global: ¿cómo se reconstruye no solo una casa, sino una manera de vivir que no vuelva a ponerse en riesgo?
🌀El tifón Kalmaegi (Tino en Filipinas) tocó tierra la medianoche del lunes en Silago, Bisayas Orientales, como categoría 2 con vientos sostenidos de 170 km/h, y continúa su avance hacia el norte de Palawan.
— Seba Sismos CL (@Seba_Sismos_CL) November 4, 2025
Actualmente se ha debilitado a Categoría 1 pero sigue siendo… pic.twitter.com/eGpzxrAttQ
No basta con repartir ayuda y limpiar escombros. Hace falta invertir en sistemas de drenaje, ordenar el territorio, reforzar viviendas y crear refugios permanentes y accesibles. Pero también es necesario abrir un debate político y social más amplio: quién paga el precio del calentamiento global. Las comunidades que menos contribuyen a las emisiones suelen ser, paradójicamente, las que más sufren sus consecuencias. Por eso la respuesta no puede limitarse a la compasión. Debe ser planificación, cooperación internacional y justicia ambiental.
Si no lo entendemos así, seguiremos repitiendo la misma historia cada año, como una ola que se retira y vuelve con más fuerza, mientras miramos hacia otro lado. @mundiario





