Tendría coña que el plan alternativo a la LOMCE fuese la sugerente “cenología” de Ikea

Cenología. / Ikea
Cenología. / Ikea

Hace años los españoles soñaban con tener un lujurioso plan con las suecas, ¡qué vienen las suecas! Ahora les pone cachondos un pantagruélico plan que proponen los suecos: la docencia sin reválidas, sin deberes, con cerezas, sandías, naranjas, tomates, porciones de queso, zanahorias, croquetas y bocatas de jamón.

Tendría coña que el plan alternativo a la LOMCE fuese la sugerente “cenología” de Ikea

Se le cae a un chiquillo un huevo que estalla en el suelo de la cocina y, ¡ale.hop!, un españolito se reencarna de repente en Newton y reedescubre la Ley de la gravedad; juguetea una chiquilla con unas cerezas y su hermano con una sandía  y, motu propio, bajo la atenta supervisión de un padre moderno, alternativo y tal, brota la teoría Copernicana del sistema solar por fructífera, y nunca mejor dicho, generación espontánea; y va otro ingenioso papá de los de ahora y aprovecha una naranja y un tomate para enunciar un problema de móviles entre Valencia y la huerta murciana. Y, bueno, con diez croquetas para tres almas cándidas hambrientas, ya tienes los ingredientes necesarios para que unos hijos practiquen la división con decimales ¿Qué quieres geometría...? ¡Pues para eso están las porciones triangulares de queso de toda la vida, hombre Un chavalín está a punto hincarle el diente a una de ellas cuando su siempre atento, didáctico y Pitagórico papá antireválidas, antideberes, anti traumáticas iniciativas escolares, le lanza una sagaz pregunta:

      -¿Esto es un triángulo isósceles?

El chiquillo, claro, ya le ha dado un mordisco a la sugerente figura geométrica, mantiene unos segundos de silencio aplicando los criterios de buena educación de no hablar con la boca llena y responde a continuación, para que no quede la mínima duda sobre su humorística pero incuestionable capacidad de aprendizaje, con inusual seguridad impropia de su generación:

       -¡Lo era...!

Entre ese abanico de infalibles reglas mnemotécnicas con las nos sorprende estos días la recientemente inaugurada Academia Sueca de CENOLOGÍA, la más impactante es la que consigue relacionar la decapitación de una zanahoria con la Revolución Francesa. Si seréis tontos, ahí en Expaña, que se han inflado a decapitar pollos en Máster Chef Celebrity y sólo habéis sido capaces de relacionarlo con la expulsión de Estefanía Luyk del tiránico reality show gastronómico. Estas cosas ocurren por nombrar Ministros de Educación y la cosa a Werts, a Méndez de Vigo y demás sesudos antecesores de esos, ¡repásatelos!, con menos capacidad para reducir el negro panorama del fracaso escolar infantil que un primitivo jíbaro de las selvas del Perú para reducir la cabeza de un adulto blanco.

¡Para que luego digan que se hacen el sueco…!

Mira, por lo menos ya sabemos que los suecos no se hacen siempre el sueco, como suelen sugerir los expañoles cada vez que describen a un señor que mira para otro lado. Al menos con Expaña, chico, han generado tal capacidad de empatía, tanto interés por sus traumas interiores que, en cuanto Cataluña inició su proceso de desconexión del resto del Reino de Felipe VI, salieron enseguida con aquel evocador y mnemotécnico anuncio televisivo: ¡Bienvenido a la república independiente de mi casa”, no sé si te acuerdas, que no sabía uno si estaban haciendo campaña por IKEA, campaña por el referéndum o campaña por ambas cosas juntas y revueltas. Y ahora, la misma firma, de la misma nacionalidad y con el mismo don de la oportunidad o el oportunismo, asunto que dejo al criterio del lector, se ha compadecido de los malos tratos a los pobres niños y adolescentes en el salvaje suroeste europeo (reválidas, deberes, martirios de esos a los que somete el primitivo sistema educativo expañol), y ha iniciado su desinteresada y liberadora campaña de ¡salvemos las cenas! ¡Para que luego digan que en los países nórdicos no late el corazón, oye! Yo, porque no soy Rajoy, asunto por el que le doy todos los días las gracias póstumas a la madre que me parió, si no, habría nombrado Ministro de Educación al creativo español de IKEA que ha descubierto la CENOLOGÍA como innovadora alternativa mixta de formación y conciliación familiar.

Lo que pasa es que una cosa es la CENOLOGÍA en Suecia y otra muy distinta en Expaña. Allí arriba, es que puede cenar todos los días prácticamente todo dios, a ver si me entiendes, asunto que permite a las cabezas nórdicas de papás y mamás practicar la mnemotécnia con absoluta tranquilidad de espíritu. Aquí abajo, en cambio, en millones de hogares, la CENOLOGÍA se reduce a la ciencia inexacta, impredecible, a veces impracticable, de poder llevar todas las noches a casa algo de comer. Allí, los papás y mamás tienen un elevado porcentaje de posibilidades de saber en qué consiste la Ley de la Gravedad, cómo y por qué estalló la Revolución Francesa, en qué punto se cruzan dos trenes a distinta velocidad o qué es un isósceles, un escaleno o el conjunto de planetas que girar alrededor del sol. Ahí abajo, en cambio, dicho sea sin ánimo de ofender, existe un elevado porcentaje de posibilidades de que, distintos y distantes papás y mamás haciendo cálculos para llegar a fin de mes, confundan a Newton con un central del Atleti, a Copérnico con un personaje de “La que se avecina”, a Isósceles con el último expulsado de Gran Hermano, a Diego de Velázquez con el célebre conductor de Sálvame de Luxe o al revolucionario Marat con ese grupo de chicos mejicanos, Morat, que lo están petando con “cómo te atreves a volver”

 Cenología sueca versus cenología hispana

De todas formas, verás, como sigue siendo de bien nacidos ser agradecidos, en nombre de mis excompatriotas le doy las gracias a Ikea por tan sana, tan pura, tan utópica pero absolutamente desinteresada y generosa iniciativa publicitaria. Comparto con la firma sueca la tesis de que “nada como cenar juntos para amueblar nuestra cabeza” Lo que pasa es que, en muchos hogares de Expaña (¿cómo podría decírselo en sueco?), sólo se puede aspirar a no cenar, juntos o por separado, a ver si me entienden ustedes, un insignificante asunto que dificulta mucho mantener amuebladas muchas cabezas.

Lejos de mí la funesta manía de imaginarme a IKEA en un proceso kafkiano de metamorfosis, oye. O sea, que, en vez de seguir dedicándose a tentar al personal con sus sugerentes suministros, haya decidido empezar de repente a tentar al personal con sugestivos Ministros, en sugestivos ministerios, que pongan en marcha sugestivas repúblicas independientes y sugestivos planes de educación y cenología. Porque, claro, se empieza sugiriendo y se acaba colonizando sutilmente, off course, a través de una cadena de grandes superficies que, hay días, la verdad, sobre todo cuando tiene una ocurrencia su creativo publicitario destacado en Madrid, que parecen talmente amenazadores caballos de Troya.

Tendría coña que el plan alternativo a la LOMCE fuese la sugerente “cenología” de Ikea
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