Sugar Nation: cuando Katy Perry contaba cocodrilos para dormir plácidamente

Mi padre estaba convencido de que sería un hombre de provecho y, por esa razón, me presentó a Katy Perry y a todos esos cocodrilos con los que soñaba.

Katy Perry. / Kiss FM.
Katy Perry/ Kiss FM

Todos escupían contra los dioses, pero Katy Perry era más que una diosa, era la megadiosa. Una colección de peluches con su nombre confirmaba eso. La conocí a través de la agencia de mi padre, una agencia encargada del fusilamiento de robots tóxicos. Nada era malo en Sugar Nation cuando se fusilaban a todos los robots. Yo temía que aquellos tiempos se acabaran y que la Perry dejara de exhibirse por las alfombras rutilantes de un paseo incólume. Todos escupían a los dioses mientras Katy Perry, preocupada, llamaba a mi casa para que yo, cazador de los sueños y de los cátaros albinos, le diera un sacro consejo para dormir. Si Katy no dormía, envejecería. Y yo inventé los cocodrilos- oveja para que ella los contara uno a uno mientras la saliva impregnaba el cielo, mientras los humos rojos se esfumaban por las páginas en blanco, mientras la Perry rejuvenecía gracias a la triste multiplicación reptil que tuve como revelación. Duerme, Katy, eterna Katy.

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