La sequía obliga a sacrificar toneladas de peces en los embalses del Júcar
A pesar de las precipitaciones registradas en las últimas semanas, los embalses de la cuenca del Júcar siguen sufriendo una situación crítica de sequía. Uno de los casos más alarmantes es el pantano de María Cristina, en Castellón, que apenas contiene 0,33 hectómetros cúbicos de agua, cuando su capacidad es de 18. La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha iniciado labores para extraer toneladas de peces para que el resto tenga suficiente oxígeno y pueda sobrevivir.
“Ha habido tal sequía que estamos intentando que no mueran para que no se estropee más la calidad del agua”, explicó Concha Durán, jefa de servicio del Área de Calidad de las Aguas de la CHJ, en una rueda de prensa. Desde hace varios días, el organismo está retirando especies piscícolas, en su mayoría invasoras como el siluro, un pez que puede alcanzar los dos metros de longitud y los 100 kilos de peso. En lo que va de año, se han extraído casi nueve toneladas de peces de tres embalses, y el trabajo en María Cristina todavía no ha concluido.
Las especies autóctonas, como el barbo mediterráneo y la madrilla, representan apenas el 10% de los peces en estos embalses, ya que el resto son especies introducidas, muchas de ellas liberadas por pescadores sin tener en cuenta el impacto ambiental que esto genera. Entre las invasoras, además del siluro, se encuentran la carpa común, el black-bass y el carpín dorado.
La sequía extraordinaria, declarada en marzo, continúa afectando gravemente a la cuenca del Júcar, con los embalses al 42% de su capacidad, una cifra similar a la de las últimas dos décadas. Las lluvias recientes no han sido suficientes para mejorar significativamente la situación, y la CHJ prevé seguir con la retirada de peces donde sea necesario.
🎣Visitamos los trabajos de retirada de peces que estamos llevando a cabo en el embalse de María Cristina (Castellón).
— Confederación Hidrográfica del Júcar (@CHJucar) September 12, 2024
👉El objetivo es evitar una mortandad masiva de especies piscícolas y garantizar la calidad del agua, dado el escaso registro almacenado. pic.twitter.com/h2D9Ak5sYc
Una respuesta de emergencia
Esta medida se toma no solo como una respuesta de emergencia ante la sequía, sino también como parte de un plan a largo plazo para preservar el ecosistema acuático. “Los peces son buenos bioindicadores del estado ecológico de los ríos y embalses”, añadió Durán. Las técnicas empleadas incluyen redes de cerco, trasmallos y electropesca, métodos seleccionados según las especies a capturar.
La situación en otras cuencas del país es igualmente crítica. En la cuenca del Segura, los embalses están al 17% de su capacidad, y la situación en Cataluña, aunque mejor que en 2023, sigue siendo preocupante, especialmente en el sur de Tarragona, donde las lluvias no han logrado aliviar la falta de agua en embalses como Siurana y Riudecanyes.
A nivel nacional, los embalses están al 49,3% de su capacidad, una mejora respecto al 37% del año anterior, pero la situación sigue siendo vulnerable, especialmente en áreas agrícolas y zonas de abastecimiento urbano que dependen directamente de estas reservas. @mundiario