Sanidad agilizará la eutanasia en casos urgentes y reforzará el papel clave de la enfermería

El nuevo manual busca reducir trabas, acortar plazos y humanizar el proceso con más acompañamiento sanitario.
Un paciente en cama. / Pixabay.
Un paciente en cama. / Pixabay.

La muerte digna en España entra en una nueva fase. El Ministerio de Sanidad ultima un Manual de Buenas Prácticas en Eutanasia que pretende corregir una de las mayores contradicciones del sistema: que el derecho a morir llegue, en muchas ocasiones, demasiado tarde. El objetivo es claro: agilizar los casos urgentes, reducir la carga burocrática y situar a la enfermería en el centro del proceso como figura de referencia para pacientes y familias.

La reforma no surge de la urgencia mediática ni de un caso concreto, sino de un diagnóstico sostenido en el tiempo. Desde la entrada en vigor de la ley en 2021, los datos han revelado una realidad incómoda: aproximadamente un tercio de las personas que solicitan la eutanasia fallecen antes de acceder a ella. Es decir, el derecho existe, pero no siempre llega a tiempo. Esa brecha es la que Sanidad pretende cerrar.

El nuevo manual, cuya aprobación ha sido aplazada al 9 de abril tras quedar eclipsado por la huelga médica en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, introduce cambios que apuntan a un sistema más ágil sin renunciar a las garantías legales. La eutanasia seguirá siendo uno de los procedimientos más regulados del sistema sanitario, pero ahora con margen para adaptarse a situaciones límite.

De acuerdo con EL PAÍS, el cambio más significativo es la posibilidad de acortar plazos en contextos urgentes. Hasta ahora, la ley exigía dos solicitudes separadas por al menos 15 días. Con la nueva guía, ese intervalo podrá reducirse cuando exista un riesgo inminente para la vida o un deterioro acelerado de las capacidades del paciente, siempre bajo justificación médica. No se eliminan controles, pero sí se flexibilizan los tiempos para evitar lo que muchos profesionales consideran una “crueldad burocrática”. A la vez, se redefine quién acompaña ese proceso. Y ahí emerge una figura hasta ahora secundaria.

La enfermería, de apoyo a pilar del proceso

Uno de los giros más relevantes del nuevo manual es el protagonismo que adquiere la enfermería. Deja de ser un rol asistencial complementario para convertirse en eje vertebrador del acompañamiento. Su función no se limita a lo técnico: será la encargada de informar, sostener emocionalmente, preparar el entorno y guiar tanto al paciente como a su familia en cada fase.

El modelo recuerda al de los trasplantes, donde la coordinación y la cercanía son esenciales. En el caso de la eutanasia, la enfermería asumirá también la tarea de acompañar en el duelo, orientar sobre recursos disponibles y garantizar que el proceso se desarrolle en condiciones de dignidad real, no solo legal.

Este enfoque responde a una demanda creciente: humanizar un procedimiento que, pese a su carga ética, ha estado marcado por trámites administrativos complejos y, en ocasiones, fríos.

Menos desigualdad territorial

Otro de los problemas que el Ministerio intenta corregir es la desigualdad entre comunidades autónomas. Las diferencias son abismales: algunos territorios realizan hasta veinte veces más eutanasias que otros sin que exista una explicación demográfica clara.

El nuevo manual apuesta por reforzar las unidades administrativas de apoyo, estructuras que ya funcionan en algunas regiones y que facilitan la información, coordinan a los profesionales y acompañan la tramitación. La idea es sencilla: que el acceso al derecho no dependa del código postal.

Organizaciones civiles llevan años señalando que donde estas unidades no existen, el proceso se ralentiza o incluso se bloquea. La reforma busca homogeneizar el sistema y reducir esa lotería territorial.

Más margen para decidir

El texto también introduce una novedad poco visible pero significativa: una vez concedida la eutanasia, el paciente podrá aplazarla hasta seis meses. Este margen amplía la autonomía personal y permite ajustar la decisión a la evolución de la enfermedad o a circunstancias vitales.

Además, se contempla la posibilidad de suspender temporalmente el procedimiento por causas excepcionales. Es una forma de reconocer que el final de la vida no siempre sigue una línea recta y que la decisión de morir también puede necesitar pausas.

Por primera vez, el manual incluye también protocolos para la donación de órganos en estos casos, separando claramente ambos procesos para evitar cualquier interferencia ética o administrativa.

La reforma llega en un contexto de debate creciente sobre los límites y obstáculos del sistema. Mientras el Tribunal Supremo se prepara para abordar si los familiares pueden oponerse a la eutanasia, y algunas iniciativas legislativas buscan evitar dilaciones judiciales prolongadas, el Gobierno opta por actuar en el terreno práctico: los tiempos, los procedimientos, las personas que acompañan. @mundiario

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