Reino Unido impedirá volar a visitantes sin permiso electrónico: así funciona el nuevo sistema

A partir de este 25 de febrero, las aerolíneas denegarán el embarque a los pasajeros que no dispongan de la autorización digital previa. El Reino Unido refuerza así su control fronterizo con un nuevo sistema que afecta a ciudadanos de 85 países.
El Palacio de Westminster y la torre del reloj Big Ben en Londres. / Pexels
El Palacio de Westminster y la torre del reloj Big Ben en Londres. / Pexels

El Reino Unido aplicará de forma estricta su Autorización Electrónica de Viaje (ETA) a ciudadanos de 85 países que hasta ahora podían entrar sin visado para estancias cortas. A partir de ahora, quien no tenga la aprobación digital antes de viajar simplemente no podrá embarcar.

La medida marca un nuevo capítulo en la política migratoria británica tras el Brexit y redefine las condiciones de entrada para millones de viajeros europeos y norteamericanos.

La ETA (Electronic Travel Authorisation) es un permiso digital obligatorio para viajeros de países exentos de visado que quieran permanecer en el Reino Unido hasta seis meses por turismo, negocios, estudios cortos o visitas familiares. Desde 2025 ya era exigible para ciudadanos de la Unión Europea y otros Estados. Ahora, el Gobierno británico obliga a su cumplimiento sin excepciones: aerolíneas, compañías ferroviarias y navieras deberán verificar electrónicamente la autorización antes del embarque.

La solicitud se realiza en línea, queda vinculada al pasaporte y tiene una validez de dos años —o hasta que el pasaporte expire—, permitiendo múltiples entradas. Su coste es de 16 libras (un poco más de 18 euros).

El modelo británico se asemeja al ESTA estadounidense o a la eTA canadiense. El viajero completa un formulario digital, paga la tasa y recibe una respuesta que, en la mayoría de los casos, llega en minutos. El Gobierno recomienda tramitarla con al menos tres días laborables de antelación.

La autorización no sustituye el control fronterizo. Incluso con ETA válida, el viajero puede ser rechazado en el control de pasaportes si surgen incidencias. Las compañías de transporte han recibido herramientas para comprobar en tiempo real si el pasajero dispone de permiso. Sin ETA válida, el sistema impedirá emitir la tarjeta de embarque.

Seguridad fronteriza y contexto post-Brexit

Los ciudadanos británicos e irlandeses están exentos. También quienes tengan estatus de residencia permanente en el Reino Unido.

El punto más controvertido afecta a los ciudadanos con doble nacionalidad británica y extranjera. Estas personas no pueden solicitar una ETA. Para viajar deben presentar un pasaporte británico válido o un Certificado de Derechos en formato digital.

El certificado tiene un coste elevado —678 euros— y no se expide automáticamente al adquirir la ciudadanía. Algunos afectados alegan que no han tenido tiempo suficiente para adaptarse a la normativa, mientras el Ministerio del Interior sostiene que la campaña informativa comenzó en 2023.

El Ejecutivo de Keir Starmer defiende que la ETA moderniza el sistema migratorio y refuerza la seguridad, permitiendo saber con antelación quién entra en el país. El secretario de Estado de Migración y Ciudadanía, Mike Tapp, ha subrayado que el permiso es “una parte vital” para fortalecer el control fronterizo.

La implantación se enmarca en el nuevo marco migratorio posterior al Brexit. Desde la salida formal del bloque europeo en 2020, el Reino Unido ha ido desmantelando la libertad de movimiento con la Unión Europea. A su vez, la Unión Europea ha comenzado a desplegar su propio Sistema de Entrada/Salida (EES) para nacionales británicos, eliminando el sellado manual de pasaportes y digitalizando los registros.

Un modelo global de control digital

En términos operativos, la medida puede generar fricciones iniciales. En otros países que han implementado sistemas similares, la fase de transición ha provocado retrasos y confusión entre viajeros poco informados.

Para el sector turístico, la clave será la adaptación. La tasa de 16 libras es relativamente moderada, pero introduce un trámite adicional que antes no existía para europeos o estadounidenses. Al mismo tiempo, el sistema aporta previsibilidad al Gobierno británico, que podrá analizar flujos migratorios antes de la llegada física del viajero.

La ETA británica no es una excepción en el panorama internacional. Estados Unidos, Canadá y Australia ya emplean mecanismos equivalentes desde hace algunos años.

Lo que cambia en el caso británico es el contexto político: tras el Brexit, la política migratoria se ha convertido en un eje central del debate interno. La aplicación estricta de la ETA simboliza ese giro hacia un control más centralizado y digitalizado de las fronteras. @mundiario

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