¿Queremos hacer de la Fiesta de Navidad solo unas vacaciones de invierno?
Mucho ha cambiado la forma de celebrar estas fiestas navideñas desde que la televisión entró en niestros hogares y aún más desde que llegó Papá Noel.
No hace mucho que la Navidad era una fiesta religiosa que reunía a las familias españolas en un mundo donde no había familias destructuradas por no existir el divorcio y solo muy excepcionalmente la separaciones y aunque las relaciones fueran malas siempre se guardaban las formas. Tampoco había tanta movilidad y normalmente no era necesario elegir entre celebrarlas en la ciudad de la familia de él o la de ella y hasta que en los años cincuenta llegó la televisión que habría de entrar en la mayor parte de hogares a partir del 60, la Nochebuena y la Navidad era una mesa con toda la familia alrededor donde había comida variada y tradicional en esas fechas, comida que no era lo que se comía todos los días, los postres eran generosos y no faltaba el vino. El eje de la noche era la alegría, la conversación y los chistes, aunque era probable que se terminase jugando a cualquier cosa o visitando a los vecinos sin excluir los villancicos que se cantaban al Belén, elemento que no faltaba en casa alguna y se montaba con gran cariño. Los Reyes Magos se adelantaban un poco cada día para que llegasen a su cita el 6 de Enero, el día que se repartían los juguetes porque en Nochebuena ni había árbol de Navidad ni regalos.
Luego vinieron aquellas modas del árbol y los regalos de Papá Noel. Estaban los países protestantes que siempre celebraron la llegada de Papá Noel, y los católicos que celebraban los Reyes Magos. Nosotros nos apuntamos a celebrar las dos fechas estableciendo así un período de relajo en todas las empresas y una largas vacaciones para muchos, algunas veces incluso contempladas en convenio. No es malo, España siempre fue un país de fiestas y puentes, alegría y festejos,. Lo malo fue la transformación en las costumbres trajo la televisión y la sociedad de consumo que se dispara con la bonanza de los sesenta. El componente católico se fue diluyendo para concentrarse en las familias que siguen hoy siendo practicantes y que disminuye cada año, así la Navidad viene Santa Claus y en Enero los Reyes Magos. Aparecieron los divorcios y la ausencia alternada de los hijos, de esos padres que se toman un merecido descanso en las Canarias, la temporada más alta del año, o en la nieve, y la moda de salir después de cenar. Con todo afortunadamente aún son mayoría quienes se reúnen con sus familias, al menos en Nochebuena y Navidad, dejando fin de año para los viajes turísticos o de descanso.
A pesar de todo los mayores cambios los trajo la televisión, esa caja boba que se ha quedado plana y se ha hecho enorme ocupando la atención de los mayores mientras los más pequeños se enfrascan en sus tabletas y smartphones ¿y que nos cuenta la televisión que nos prepara para el gran día?¿cual es su discurso?. El ambiente navideño de hoy es el consumo, esas colonias que se anuncian con preciosas imágenes donde los hombres se desmayan al paso de determinados aromas femeninos o de mujeres que pierden la cabeza como si ya hubiesen terminado la botella de champan, al aroma de las fragancias masculinas. También nos incitan a realizar todo tipo de apuestas o a jugar al bingo en internet, pero sobre todo mucho sexo sin compromiso. No está mal ni bien pero llenar un belén que ya solo existe en la plaza de los ayuntamientos, de regalos y gastos pagados en cómodos plazos, no guarda relación alguna con estas fechas.
No niego que añoro aquellas Navidades sin regalos ni televisión, con el único placer de compartir una mesa de ricas viandas con alegría y cariño, aquellos días en que no nos felicitábamos por WhatsApp, que salíamos a la calle el 23 o 24 y nos cruzábamos con los amigos a las que dábamos un beso si era una amiga o un abrazo si era un amigo (entonces el beso solo era en fechas señaladas y el abrazo aún no era moda), a las cortas visitas que se hacían a los conocidos para felicitar las fechas a pesar de que el 24 de Diciembre era laborable para todos. Deberíamos aceptar, como sucede en otras culturas, que las tradiciones es algo bueno, lo que nos mantiene unidos, y respetarlas y disfrutarlas con entrega ¿hay algo mejor que el contacto humano? ¿mejor que el cariño mutuo?¿que fue de los aguinaldos? ¿de compartir la felicidad y las penas? No lo sé. Probablemente hoy hay de todo pero las tradiciones de verdad que no son malas. ¡Feliz Navidad con todos nuestros seres queridos! @mundiario