¿Qué pasó en el cónclave? Cómo la figura de Prevost se entrelazó con la del Papa
La elección de un Papa es uno de los procesos más herméticos e intrigantes del mundo contemporáneo. Cada cónclave genera expectativas, filtraciones discretas, apuestas mediáticas y, sobre todo, sorpresas. La reciente elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost como el Papa León XIV es un ejemplo nítido de cómo, en el interior de la Capilla Sixtina, los planes visibles pueden torcerse con la misma rapidez con la que se apaga el humo blanco.
En esta ocasión, el favorito era Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, figura central de la Curia y rostro visible de la diplomacia vaticana. Pero, como reza el adagio romano tantas veces citado: "Quien entra papa, sale cardenal". Y así fue. Al igual que en 2013, cuando el patriarca de Venecia, Angelo Scola, parecía tener asegurado el asiento de San Pedro y fue superado por el argentino Jorge Mario Bergoglio, el guion oficial se desmoronó y un candidato "en la sombra" emergió con fuerza.
Según reconstrucciones no oficiales, Parolin iba a la cabeza en las dos primeras votaciones, pero no consiguió alcanzar el umbral de los dos tercios. Su candidatura, como la de Scola en su día, habría colapsado en el momento clave: la pausa del almuerzo. Ese periodo intermedio, donde se entrecruzan conversaciones informales y se reconsideran alianzas, ha demostrado ser históricamente decisivo.
La elección de Prevost parece haber seguido una lógica similar a la de Bergoglio. En ambos casos, un candidato italiano con fuerte respaldo mediático y curial quedó en evidencia por no contar con una base suficientemente amplia en el colegio cardenalicio. En ambos escenarios, un papable alternativo y de perfil más pastoral que político, fue ganando terreno poco a poco hasta superar el umbral decisivo.
Prevost representaba una figura de equilibrio: cercano a Francisco, pero sin despertar los temores de sectores conservadores; con experiencia pastoral en América Latina, pero también con formación académica y responsabilidad curial. Su candidatura, al igual que la de Bergoglio en 2013, fue trabajada de forma discreta en las semanas previas. Su ventaja: no generaba tantos anticuerpos dentro del colegio cardenalicio.
En el cónclave, parece haber primado la lógica de la unidad. Muchos cardenales deseaban mantener el legado pastoral y evangélico de Francisco, pero con un estilo menos confrontativo. Prevost ofrecía esa fórmula. Su perfil misionero y su origen norteamericano, con raíces latinas y europeas, añadieron una dimensión global a su figura, lo que pudo haberle permitido obtener votos de América, Europa y el Sur Global.
El papel de Parolin en la votación final también recuerda a lo ocurrido en cónclaves anteriores. Como decano del cónclave, tuvo que hacer la pregunta solemne al elegido: “¿Aceptas tu elección como Sumo Pontífice?”. La ironía histórica es evidente: el gran favorito, al verse superado, acabó proclamando al vencedor. Un gesto de dignidad institucional que también habla del espíritu eclesial que —en los mejores casos— prima en estas votaciones.
El paralelismo con 2005 también es relevante. En ese año, algunos competidores de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), como Jorge Mario Bergoglio y Carlo Maria Martini, optaron por hacerse a un lado, conscientes de que bloquear al candidato alemán podía llevar a una elección más incierta. La responsabilidad eclesial pesó más que la ambición personal. Algo similar podría haber ocurrido ahora si Parolin decidió no frenar la candidatura de Prevost, una vez constatado su propio límite.
En definitiva, lo que ha ocurrido en este cónclave no es tanto una ruptura como una evolución. La Iglesia no ha dado un volantazo ideológico, sino que ha buscado la estabilidad en la continuidad. León XIV se perfila como un papa de paz, como se le ha comenzado a llamar, y como un moderado con sensibilidad pastoral, que combina firmeza doctrinal con apertura al diálogo. Su primer mensaje, centrado en la urgencia de testimoniar la fe en un mundo descreído, marca un tono evangélico más que institucional.@mundiario

