La procrastinación y los efectos de convertir la dejadez en una costumbre

¡Después lo hago!
¡Después lo hago!

Cuando dejar las cosas para otro momento deja de ser un acto puntual y se convierte en una costumbre, puede suponer que psicológicamente usted no disfruta de buena salud.

La procrastinación y los efectos de convertir la dejadez en una costumbre

Dejar las cosas para otro momento no es siempre del todo malo. Según apunta Manuel Armayones, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya, “no somos máquinas y no siempre tenemos la energía y capacidad al 100%”, por lo que en estos casos es lícito darse una tregua, descansar y continuar en otro momento.

El problema aparece cuando esta situación deja de ser ocasional y se convierte en costumbre. La procrastinación, o el hábito de posponer actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndose por otras más agradables e irrelevantes, puede ser indicador de baja satisfacción con la vida y mala salud psicológica.

Esta es la conclusión a la que han llegado distintas instituciones alemanas que querían conocer el porqué y los beneficios de esta conducta. Para ello, se llevó a cabo una investigación que contó con la colaboración de 1350 mujeres y 1177 hombres, con edades comprendidas entre los 14 y los 95 años.

Los investigadores aplicaron una serie de cuestionarios sobre procrastinación y otras escalas de ansiedad, depresión, estrés, fatiga y satisfacción con la vida, con el objeto de analizar las relaciones entre el hábito de postergar las obligaciones y el bienestar general a través de cada una de estas variables.

La diferencia entre la procrastinación y la holgazanería radica en que en el primer caso se declina hacer una tarea costosa para llevar a cabo una más placentera o irrelevante, mientras que en el segundo se tiende a no hacer ni la una ni la otra.

Los resultados, publicados en PLOS ONE, denotaron que el hábito de procrastinar es más habitual entre los más jóvenes y que se presenta de igual manera entre hombres y mujeres, salvo en la juventud donde es más visible en varones.

En relación a las variables cínicas, se comprobó que una mayor tendencia a la procrastinación se relaciona con altos niveles de estrés, problemas de ansiedad y depresión, y mayores niveles fatiga. Asimismo, en contra de lo que podría parecer natural, la procrastinación se relacionó con una menor satisfacción con la vida, especialmente en aspectos como el trabajo o la situación sentimental, observándose que estar en situación de desempleo o no tener pareja se asocia al hecho de procrastinar. 

¿Cómo podemos hacer frente a la procrastinación?

Cuando la procrastinación se traduce en sufrimiento es hora de atajarla. En este sentido, aunque el profesor Armayones es partidario de realizar un análisis individualizado de cada situación, propone algunas técnicas para corregir esta conducta y minimizar sus efectos nocivos. Estas técnicas, recogidas en El País, son las siguientes:

1. Márquese tareas que pueda asumir.

2. Comparta con los demás los plazos que se haya fijado.

3. Pida que le ayuden a alcanzar sus objetivos.

4. Evite las distracciones, sobre todo las tecnológicas.

5. Registre las tareas que va cumpliendo.

6. Prémiese a medida que cumpla sus metas intermedias.

7. Por último, sobre todo, oblíguese a empezar.

Según Armayones, “los primeros minutos de cualquier tarea son los más duros. Si consigue ponerse, habrá conseguido vencer en gran medida la tendencia a procrastinar".

En definitiva, no debe culparse si de vez en cuando aplaza sus tareas y se dedica a otra cosa, pero si esto se convierte en un hábito puede que no sea pereza, sino que se deba a que usted no está pasando por su mejor momento. Si está desempleado, se siente solo o el estrés inunda su vida y está situación le supone un sufrimiento que no está dispuesto a tolerar, es la hora de ponerse en marcha.

En muchas ocasiones lo más difícil es arrancar. Es en este momento cuando debemos hacer uso de nuestra fuerza para conseguir generar en nosotros mismos el impulso necesario para comenzar. Todo lo demás llegará luego, con esfuerzo y dedicación, y en ese camino disfrutaremos, no solo de los frutos de nuestro trabajo, sino del bienestar que supone estar en marcha. ¡Adelante!

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