Los siete pecados capitales, la esencia del placer, la lujuria y el sexo

Amor, lujuria, placer y sexo
Amor, lujuria, placer y sexo.

A día de hoy, en el sexo y en el placer se prima la diversión, la lujuria y el deseo, considerándose una necesidad básica a la orden del día.

Los siete pecados capitales, la esencia del placer, la lujuria y el sexo

A día de hoy, en el sexo y en el placer se prima la diversión, la lujuria y el deseo, considerándose una necesidad básica a la orden del día.

 

Los conocidos como “siete pecados capitales” o “siete pecados mortales” constituyen una clasificación de los vicios del espíritu, opuestos a la enseñanza e instrucción moral que el catolicismo y cristianismo transmiten. Su origen se remonta al siglo IV, no obstante, su clasificación no se hizo oficial hasta la llegada de San Gregorio Magno (540-604 d.c.), conocido como Gregorio I, el sexagésimo cuarto Papa de la iglesia católica. Más tarde Dante Alighieri, el poeta italiano, los integró en su obra maestra “La Divina Comedia”, en la cual plasmó cada uno de los pecados capitales de forma soberbia. A partir de este comienzo, muchos artistas posteriores se fueron inspirando en los siete pecados capitales para la realización de sus obras maestras.

Todos y cada uno de los siete pecados capitales tienen en común la búsqueda de la satisfacción de alguna de las necesidades humanas consideradas pecaminosas por parte de la religión cristiana. Han logrado consolidarse y ganar más relevancia a lo largo de los años debido a la evolución de la sociedad, a la pérdida de la vergüenza, los tabús y a la normalización del género femenino. Han ganado fuerza y se han hecho más importantes día a día buscando satisfacer nuestras necesidades cuanto antes, adaptándose al ritmo frenético en el que nos movemos constantemente.

La lujuria es el pecado más popular, relacionado íntimamente con el sexo y el erotismo. En palabras de Dante, “el amor excesivo por los demás”. La creatividad, la innovación y el hablar libremente del sexo son claves fundamentales para satisfacer este pecado que tantas veces lleva a infidelidades y separaciones.

La gula está relacionada con el consumo excesivo de la comida y la bebida. Con respecto al sexo la satisfacción de este pecado se realiza mediante la consumición de alimentos afrodisíacos en el cuerpo de tu pareja, utilizando para ello la creatividad en relación al qué comer y al cómo hacerlo.

La avaricia se encuentra vinculada tanto a la lujuria como a la gula en tema de excesos. En este caso, es el deseo de querer más y más sexo, ¿por qué tener uno o dos orgasmos cuando puedo tener 10 ó 20?, ¿por qué sólo orgasmos vaginales si también puedes tenerlos en los pezones o en el clítoris?, ¿por qué solo los fines de semana si tenemos 7 dias, ¡no 2!?

La pereza, conocida también como “tristeza de ánimo”, es el pecado más mortal en todas las relaciones de pareja. Se refiere al sexo automatizado o a la falta del mismo. Para combatirlo innova, habla, experimenta, no caigas en la rutina de tantos matrimonios fracasados.

La ira es el pecado más destructivo. Conlleva discusiones, peleas, miedos e inseguridades, pero si lo sabes enfocar correctamente puede convertirse en un juego sexual completamente beneficioso y productivo. Háblalo con tu pareja, quizá descubras algo nuevo de lo que no te habías dado cuenta. Si no... ¿por qué atrae a tantas lectoras la obra 50 Sombras de Grey? Quizá tu pareja sea una de ellas...

La envidia, al igual que la ira, es destructiva, consiste en querer lo que tiene otro. En vez de centrarte en qué estupendo sería que mi pareja fuera como X o tuviera X, céntrate en tu propia relación, inspírate en aquello que quieres y trata de transformarlo e incluirlo en vuestras relaciones.

La soberbia es considerada el más serio de los pecados capitales. Consiste en menospreciar al otro, buscar la propia satisfacción sin tener en cuenta a tu pareja. Recuerda, puedes quererte mucho, pero es un juego de dos y no de uno. Si el otro no quiere o se cansa, el juego se acaba. Por esto, intenta escuchar a tu pareja, atender sus necesidades y que él/ella se implique en la relación al igual que tú lo haces.

Cómo deben ser las relaciones de pareja
En una buena relación el tiempo no es prioritario, el tiempo se para cuando estás con esa persona, no te importa el mundo, no te importa nada, te centras en él/ella como si fuera único (lo es). Las relaciones de pareja deben ser así, deben enfocarse como algo prioritario para ambos. Debe dedicarte tiempo al igual que tú debes dedicárselo a él/ella para poder experimentar mejor, encontrar nuevos puntos orgásmicos, descubrir cosas, experiencias placenteras para ambos. Esta es la clave de la satisfacción para ambos, no hay más, es simple.
Tiempo, paciencia, hablar y experimentar mucho. De esta forma, tu relación si realmente es importante para ti crecerá con el tiempo y se fortalecerá. Aprenderéis tanto el uno como el otro y os daréis cuenta qué es lo que realmente buscáis y queréis de una relación, centrándoos en todo momento en la confianza, intimidad y complicidad entre ambos.

 

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