Los palillos de batea: una amenaza creciente en las playas gallegas
En los últimos meses, las playas gallegas han sido escenario de un aumento notable en la cantidad de residuos plásticos, entre los que destacan los llamados “palillos de batea”. Estos pequeños objetos, utilizados en el cultivo del mejillón, son ahora una de las principales preocupaciones de ecologistas y voluntarios, quienes los encuentran en grandes cantidades durante sus labores de limpieza.
El problema se hizo evidente desde principios de año, cuando grupos de voluntarios autoorganizados a través de WhatsApp comenzaron a denunciar la presencia masiva de estos palillos en las playas. María Arceo, una artista gallega afincada en Londres, fue una de las primeras en llamar la atención sobre el tema, destacando cómo estos artilugios, que originalmente eran de madera y ahora son mayoritariamente de plástico, han llegado incluso a playas tan lejanas como las Islas Canarias.
Estos palillos, que se desprenden durante el proceso de limpieza de las cuerdas en las bateas, son arrastrados por las corrientes y acaban en las costas, donde se mezclan con otros desechos plásticos como botellas, bolsas y suelas de zapatos. Según el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (D.O.P.) Mexillón de Galicia, en la comunidad existen más de 3.300 bateas, cada una con hasta 500 cuerdas sumergidas que pueden liberar estos palillos durante el cultivo y recolección del mejillón.
La opción más resistente
A pesar de los esfuerzos del sector por minimizar el impacto ambiental, los palillos siguen siendo un problema persistente. Desde el Consello Regulador, tanto su secretario general, Joaquín Garrido, como la responsable del Departamento de I+D, Ángeles Longa, reconocen la dificultad de evitar completamente su pérdida. Ambos destacan que los mejilloneros están comprometidos con la conservación de las rías y subrayan que el cultivo del mejillón en Galicia es uno de los más sostenibles a nivel europeo.
En su búsqueda por alternativas, el programa Acuieco, liderado por el Consello Regulador, realizó pruebas con diferentes tipos de madera y otros materiales, pero concluyó que, por el momento, los palillos de plástico siguen siendo la opción más resistente y duradera. Sin embargo, el impacto ambiental que estos generan cuando llegan al mar sigue siendo motivo de preocupación, tanto por la fauna marina como para quienes se encargan de limpiar las playas.
Con la temporada de verano en pleno apogeo, los voluntarios continúan alertando sobre la creciente presencia de estos residuos en las costas gallegas, mientras el sector mejillonero busca soluciones para mitigar un problema que, a pesar de los avances en sostenibilidad, sigue afectando a uno de los pilares económicos y culturales de Galicia.@mundiario



