No ha habido en mi vida más severo juez de mis actos que mi propia persona

Patos.
Mi resiliencia ha hecho de mi lo que soy.

La resiliencia infantil, de la que habla Cyrulnik en su libro Los patitos feos, me ha permitido seguir adelante, ha hecho de mí lo que soy.

No ha habido en mi vida más severo juez de mis actos que mi propia persona

La resiliencia infantil, de la que habla Cyrulnik en su libro Los patitos feos, me ha permitido seguir adelante, ha hecho de mí lo que soy.

Porque nadie está en mi cabeza y yo no estoy en la de nadie, a veces me gustaría ser el hada campanilla y observar de cerca a todas las personas que quiero. Me gustaría, es un antugüo deseo, poder observar de cerca qué piensan y qué verdaderos sentimientos provoca mi pequeña persona, sobre todo, en aquellos que me importan. 

Hace poco leí un artículo que aseguraba que los bebés prematuros son futuros adultos con dificultades para encontrar y tener éxito en sus relaciones, ya que su prioridad los primeros meses de vida consiste en finalizar su desarrollo físico. ¡Vaya! ¡Así que era eso! ¡Pues ya me dejáis más tranquila! ¿O tal vez no?...

A pesar de los años y de los éxitos (profesionales o personales) he continuado viéndome a mí misma como la pequeña niña insignificante del patio del colegio. La chiquita, sin gracia, con pinta de niño que no despertaba ninguna pasión, más bien compasión.

Está claro que soy lo que soy, pero también todo lo que no he podido ser: una mezcla hilarante de encuentros y desencuentros, de sueños rotos, una suma constante de idas y venidas.

No ha habido en mi vida mayor, ni más severo, juez de mis actos que mi propia persona. Yo misma he sido mis mil castigos y tensiones, mil preguntas sin respuestas, mil contradicciones y absurdos, multitud de defectos y rarezas. He sido mil personas y ninguna, todas las que he querido ser y no he podido, o más bien no me han dejado, frustración y decepción constante.

Sin embargo la resiliencia infantil, de la que habla Cyrulnik en su libro «Los patitos feos» me ha permitido seguir adelante, reinventarme como persona con cada fracaso. Mi capacidad para sobreponerme ante la adversidad y el dolor emocional, me ha servido para ser lo que soy, y, para aceptarme con mis virtudes y mis defectos, que son muchos.

Mi resiliencia ha hecho de mí lo que soy.

No ha habido en mi vida más severo juez de mis actos que mi propia persona
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