Desde Costa Rica, una mirada a la niña peregrina de ojitos color marrón
En el apurado ir y venir, la espiritualidad va quedando atrás, como un lejano recuerdo, como una materia que ya no vale la pena enseñar. Mala consejera es la extrema soledad que se olvida de sonreir.
En nuestro apurado ir y venir, la espiritualidad va quedando atrás, como un lejano recuerdo, como una materia que ya no vale la pena enseñar. Pero no debe ser así, mala consejera es la extrema soledad que se olvida de sonreir que te lleva a desesperar.
El ajetreo de la vida diaria copa nuestros cinco sentidos, nos consume, nos exige, a tal extremo que en muchos casos, la gente se pregunta: ¿por qué el día solo tiene veinticuatro horas, si hay tanto por hacer? Algunos incluso, se cuestionan: ¿por qué hay que parar, dormir y dejar al cuerpo descansar?
Y en ese apurado ir y venir, la espiritualidad va quedando atrás, como un lejano recuerdo, como una materia que ya no vale la pena enseñar. Pero no debe ser así, mala consejera es la extrema soledad que se olvida de sonreir que te lleva a desesperar.
Acuérdate de dosificar el esfuerzo, separa tiempo para leer y "La Coral" escuchar. Ciertamente hoy parece requerirse de gran valor para pausar, por cuanto es más fácil simplemente continuar, casi sin respiro, casi levitando sobre nuestra cotidianidad. Por ello y con la alegría de vivir la realidad, quiero contarles y contarme esta historia. Es acerca de una pequeña, peregrina y misionera que un día conocí, "medicina para mi alma", fortaleza y serenidad.
