Los misterios de Dubai: ¡ay!, esa ropa de mujer

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Vaya modelitos se gastan las emiratíes, pero... ¿cuándo los utilizan?

Vas por la calle en Dubai, te paras ante el escaparate de un comercio y te preguntas: "¿Y esa ropa de mujer... pues no la veo por la calle?". Ni la verás...

Los misterios de Dubai: ¡ay!, esa ropa de mujer

Vas por la calle en Dubai, te paras ante el escaparate de un comercio y te preguntas: "¿Y esa ropa de mujer... pues no la veo por la calle?". Ni la verás...

 

La primera vez que vi un escaparate de ropa de mujer en los Emiratos Arabes me dije: «joé con la moda, avanzadas están aquí», y al fijarme en algún traje, en concreto en el negro de la foto, me cuestioné, «será para orientar al hombre de la casa». Y así estaba de feliz en mi habitual ignorancia hasta que viendo que todas iban muy tapadas pregunté cómo era posible que viera aquella ropa en las tiendas y no en la calle.

¡Ay Guisandiño, lo que aún te queda por viajar! Pues resulta que esa ropa... en efecto, la compran las emiratíes; pero no para lucir en parques y jardines, sino en casa, para su marido. Es decir, que tú, que te llamas Alhalail Al-Quapepe, llegas a casa, ves a tu mujer con un precioso traje negro y eso significa que vais de fiesta a la cocina, por ejemplo; y si las ves que lleva así como un escotazo, el modelo es de color crema y lleva sombrero... pues que vais de cóctel al balcón interior de la vivienda o a dar una vuelta por el pasillo.

Vestidos de mujer.Vestidos de mujer.

 

Y supongo, pues que habrá de todo: vestidos para un picnic sobre una alfombra verde frente al televisor con sonidos de la naturaleza; bikinis sexy para el baño; pantalones para hacer footing alrededor de la nevera; indumentaria estilo Nadal mientras fríes huevos con sartenes tipo raqueta... una juerga y una sorpresa cada día que llegas al domicilio conyugular, porque supongo que tal como están, pues es entrar, y eso, a la conyugular.

Y supongo también, que ya puestos, para dar ambiente al vestuario y que todo vaya en consonancia y armonía, pues un día entras en casa y tu mujer te dice toda acalorada con una maleta en la mano: «¡Ay Alhalail Al-Quapepe!, vengo de Europa, de un viaje por la Cerdeña, y traigo un cansancio, pero un cansancio...». Y tú, que vives en el surrealismo puro, respondes: «pues yo vengo de Ginebra, y aunque no dejan me voy a pegar un lingotazo Dalialhalmiña mía...».

Vamos; esa es la sociedad perfecta que yo siempre soñé y en la que me encantaría vivir: realidad en la calle y pura imaginación en casa, como yo, que aún no tengo muy claro ahora mismo, que son las dos de la mañana, si seguir escribiendo, coger un vuelo para Gana o meterme en la cama.

Los misterios de Dubai: ¡ay!, esa ropa de mujer
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