MIRA defiende los derechos de las minorías ante las Naciones Unidas en Ginebra

Presidente del Movimiento Político Mira y pastor general de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, Carlos Alberto Baena.
Presidente del Movimiento Político Mira y pastor general de la Iglesia de Dios. Ministerial de Jesucristo Internacional, Carlos Alberto Baena.

El derecho a la libertad de religión de las minorías se está violando, pasando de estar presente en África y Oriente Medio, a aterrizar en Colombia, según el informe de Open Doors.

MIRA defiende los derechos de las minorías ante las Naciones Unidas en Ginebra

El derecho a la libertad de religión de las minorías se está violando, pasando de estar presente en África y Oriente Medio, a aterrizar en Colombia, según el informe de Open Doors.

 

La Asociación Miraísmo Internacional estuvo presente en la VII Sesión del Foro sobre Asuntos de las Minorías en la sede de las Naciones Unidas y ante el Club de la Prensa Suizo (Club Suisse de la Presse), el pasado 24 y 25 de noviembre en Ginebra para exponer la persecución que sufrió la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y el Movimiento Político Mira a principios de este año en Colombia, por “la tergiversación realizada por varios medios de comunicación de una parte de la Doctrina de la iglesia fundamentada en la Biblia”, apuntó el pastor general y presidente de la organización, Carlos Alberto Baena.

El objetivo es “solicitar al Consejo de Derechos Humanos que formulen recomendaciones sobre el ejercicio armónico de las libertades religiosas y de expresión con el propósito de contribuir a que el discurso del odio en contra de las minorías religiosas no se sustente equivocadamente en la mal comprensión de la libertad de expresión en medios de comunicación”, dijo Baena.

¿Por qué una organización religiosa se ve obligada a presentarse ante las Naciones Unidas para defender sus creencias y convicciones? Porque según informó su pastor general, están defendiendo la integridad de más de dos millones y medio de creyentes alrededor de los cinco continentes que “han sufrido expresiones de violencia y de odio en contra de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes que integran la congregación, bullying en colegios y universidades, despido laboral por pertenecer a la iglesia, ataque físico a los lugares de culto, y amenazas por parte de grupos al margen de la ley, como la guerrilla y bandas criminales”.

¿Dónde surge el desprestigio? En Colombia, por un vídeo de formación pastoral grabado en 2008, en el cual la líder espiritual de la iglesia, la Dra. María Luisa Piraquive, dice que una persona con alguna discapacidad no se puede subir a predicar a un pulpito. Sin embargo, “la divulgación del vídeo se hizo sin autorización de la organización religiosa, está manipulado, es tendencioso, y forma parte de la doctrina de la iglesia fundamentada en la Biblia, porque al escuchar todo el contenido del vídeo este se basa en el libro de Levítico, y finalmente concluye que “es Dios el que determina quien se puede subir a un pulpito a predicar”. A raíz de esto “nos llamaron discriminadores de personas en situación en discapacidad e hicieron numerosas publicaciones en contra de la iglesia en medios televisivos, radiales, escritos y redes sociales, presentes en internet. Promovidas también por servidores públicos como congresistas, que eran a su vez candidatos en las elecciones del país”, afirmó Baena.

Miraísmo Internacional hace está denuncia a nivel internacional basándose en el informe anual de Open Doors, que muestra que en Colombia sí existe discriminación y persecución religiosa, porque paso de ocupar el puesto 46 en el 2013, a tener en la actualidad el puesto 25 a nivel mundial. Esto deja ver el rechazo creciente de la sociedad hacia los temas religiosos. Aunque, el verdadero problema radica en la violación del derecho a la libertad de religión e intimidad al culto que durante años ha generado un conflicto religioso en varios países de Oriente Medio; y Colombia no quiere más conflictos, porque suficiente tiene con el armado, que después de 50 años, aún sigue sin resolverse. 

 

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