Una minoría de delincuentes mantiene acobardada a una mayoría pacífica
Son muchos, demasiados, y siguen creciendo, pero la gente honrada y pacífica somos muchos más aunque vivimos asustados y temorosos sin lograr establecer sistemas de defensa para vivir en paz.
El terrorismo se extiende cada vez más amparado en su capacidad de regenerar las bajas que la justicia les pueda producir. Dicen los que estudian estas cosas que hay alrededor de unos 50.000 fundamentalistas islámicos predispuestos a matar dentro de la Yihad o Guerra Santa que han declarado al infiel. Nos es fácil ser exactos porque lógicamente no se llega a esa cifra mediante encuestas, pero tampoco importa mucho si comparamos esa cifra con 1.200 millones de musulmanes que hay actualmente en el mundo. El problema es que el terrorismo se nutre gracias a otras organizaciones criminales, las mal denominadas mafias de las que al parecer unas 300 operan en España. Ahí residen los traficantes de armas, los quen nutren al terrorista de municiones y explosivos.
Las mafias rusas, italianas, ucranianas, africanas, o de cualquier lugar, son organizaciones criminales organizadas que controlan el tráfico de armas pero también de drogas, la prostitución, la inmigración ilegal, el blanqueo de dinero, las falsificaciones de objetos de marca y lujo, los objetos robados, y también organizan crímenes, robos, o cualquier tipo de delito. Nos quedan los psicópatas asesinos, ladrones independientes, y tiranos pequeños o grandes. Entre todos suman muchos, demasiados ¿cuantos? No lo sabemos. Quizás un millón, o quizás diez, o puede ser que cien millones, muchos pero en cualquier caso una minoria comparado con los 7.400 millones de gente honrada que sufrimos sus consecuencias, y aquí surge la pregunta ¿porqué tantos sufrimos la tiranía y la falta de escrúpulos de tan pocos?
Está claro que la sociedad no ha sabido organizarse para repeler estos ataques a su seguridad y dignidad, o que hemos creado unas estructuras que en realidad no funcionan porqué no cumplen el cometido para el que fueron creadas. Hemos establecido una organización que incluye a la policía local, autonómica y nacional, así como otros cuerpos armados (Guardia Civil en España o la Policia Federal en Estados Unidos, por ejemplo), los ejércitos de tierra, mar y aire, además de los servicios secretos de inteligencia de todos los países, un conjunto de defensores que no suman mucho menos que los delincuentes pero que se ve que asustan poco a pesar de que los hemos dotado de leyes, instituciones juridicas, y cárceles para que puedan llevar a cabo su función.
Tratando de entender porqué hemos de vivir asustados y vejados si somos muchos más, más poderosos, con más medios, y con la ley de nuestra parte, llegamos a la conclusión de que nos hemos civilizado tanto que nuestras leyes son tan garantistas que aunque nos encontremos con un delincuente manifiesto, pero con pruebas obtenidas de forma ilegal, lo dejamos en libertad, como lo dejamos si sus penas son menores de 2 años, por buena conducta o por estudiar o trabajar. Nos hemos humanizado hasta el punto de prohibir la pena de muerte, la tortura o la cadena perpetua, y eso es algo a lo que no debemos renunciar porque es lo que nos diferencia a los buenos de los malos y nosotros queremos que ganen los buenos sin ser malos.
El camino que dificulta la victoria del bien son las metástasis del mal, la corrupción que penetra en la policia, en la justicia, y muy especialmente en los politicos. El cine y la literatura, se han encargado de enseñarnos la dificultad de luchar contra la corrupción mostrándonos escenificados diversos casos reales, pero así como lo que dificulta que vivamos en un mundo seguro es la corrupción, lo que puede conducirnos a la victoria son también los politicos honrados, decididos, y bien arropados, los únicos que pueden salvarnos de esta escalada de delincuentes que estamos sufriendo. Como ejemplo citaremos a Giuliani, alcalde de Nueva York durante siete años, una de las ciudades más peligrosos con muchos barrios intransitables, y que convirtió en la ciudad más segura de Estados Unidos con una recuperación de todas las zonas marginales y una reducción de la delincuencia del 70%. ¿como lo hizo? Era un plan amplio desde el punto de vista social, que incluía un detallado plan policial demasiado ambicioso para describirlo en unas pocas lineas, pero que yo denominaría tolerancia cero.
Lo importante es que se demostró posible y que la solución debe venir desde arriba por demanda desde abajo, desde donde todos estamos. Solo se necesita voluntad y darle a la vida segura el mismo valor que la salud o la enseñanza. Otro mundo mejor es posible.