¿Por qué miles de abuelos españoles tienen que quedarse sin vacaciones?

Quedaba la posibilidad de planear una escapadita a través del Imserso y disfrutar de unas vacaciones, pero el Ministerio de Sanidad ha decidido rebajar un 30% del presupuesto público para estos viajes.

,Benidorm, uno de los destinos preferidos por los jubilados españoles.

A mí, las personas de la tercera edad me recuerdan a los yogures. El símil es sencillo de descifrar, no hay más que dejar que pasen un par de meses de la fecha de caducidad que indica la tapa, para comprobar que el lácteo en cuestión sigue igual de fresco que el primer día. En nuestra sociedad occidental, a los mayores les pasa un tanto de lo mismo: llegada una edad los arrumbamos a la sección de perecederos aunque, a muchos, todavía les quede bífidus para rato. De hecho, muchos de ellos, incapaces de asimilar ese limbo social a donde los hemos relegado, transitan de aquí para allá en busca de una obra o un banco en el parque en los cuales pasar la mañana, por aquello de hacer algo. Queda claro que, para el sistema, no somos más que una cadena de productos de consumo inmediato donde, en vez de medirnos por semanas como al Activia Natural, se nos valida por años. Llegados a ese punto, ya puede usted querer hacer algo provechoso para la comunidad que a lo máximo que podrá aspirar será a recoger a sus nietos a la salida del colegio.

Hasta hace poco, quedaba también la posibilidad de planear una escapadita a través del Imserso y disfrutar de unas merecidas vacaciones en Benidorm al compás de María Jesús, su acordeón y sus pajaritos, pero el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales ha decidido rebajar un 30% del presupuesto público para estos viajes. O lo que es lo mismo, que los abuelos se queden en casa para ahorrar mientras Bárcenas y similares esquían en Canadá gracias al erario público, por poner un ejemplo. Parece que la clase política no se ha dado cuenta de que, gracias a las excursiones invernales de los jubilados y jubiladas de nuestro país, conservan el empleo camareros, personal de servicio, tiendas de souvenirs, conductores de autobús, etcétera, los cuales, ahora, también pasarán a formar parte de la lista del paro. Y es que debe estar complicado entender que los productos caducos todavía pueden alimentar muchas bocas. Será cosa del símil.

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