Mercadona, la reina Letizia y cosméticos de Deliplus a tres euros
La reina Letizia va a Mercadona. Porque Mercadona, como el MC Donalds de Zaragoza sobre el que versara Manuel Vilas, es comunista. De nada sirve la admonición de la Belarra. No pueden existir supermercados públicos porque, después de este acontecimiento tan inédito como salvaje, Mercadona simboliza la dictadura del proletariado, la fase previa a que el sistema filofascista salte por los aires.
Que un monarca con z en el nombre sea devota de los cosméticos de Deliplus, la marca blanca y virgen del hiper, pone en jaque cualquier intentona golpista. El anarquismo ha dejado de tener sentido, y Marx, y Lenin. Porque la revolución ha sido silenciosa e imprevisible. Qué razón tenía Rosa de Luxemburgo. Porque, en un apuro sin precedentes, la reina Letizia se ha decidido por Deliplus y sí, allí, confundiéndose con la muchedumbre, ha preferido el cosmético de tres euros a L´Oreal o a Yves Roches. Qué despropósito y cuánto comunismo por doquier.
Donde confluyen las etnias diversas, las lenguas, los pijos, los mileuristas, los becarios, las mujeres desesperadas y los pajeros, allí se ha manifestado la Reina Letizia. Porque Mercadona iguala a las clases. Porque, en Mercadona, existe Hacendado y algo así se le pasó a Marx. Porque, de una cosa estoy seguro: el filósofo estaría orgulloso de Hacendado y de Deliplus, y de esta reina que deambula por los mismos pasillos de los congelados por donde deambulo yo, buscando los lenguados y las cajas de langostino Pescanova. Nadie es tan visionario como Juan Roig. Ni siquiera Deng Xiaoping. Un lápiz de ojos ha acabado con El Estado y la revolución, de Lenin. Un lápiz de ojos de Deliplus ha acabado con el argumentario de Podemos.
Ahora todos estamos más vinculados que nunca a nuestra monarquía. Porque ha descendido hasta el inframundo de los rebozados, de los boquerones y de los cocidos madrileños enlatados. Porque ha descendido al mundo del gazpacho en tetrabrik y al de las pizzas cuatro quesos, al de las flautas de pollo y al de los espaguetis de calabacín. Porque hay de todo en Mercadona, hasta parecen felices todos los que coincidimos allí los viernes por la tarde con nuestros carros lustrosos y de verde corporativo. Sí, qué felices somos en Mercadona, Pablo, Pablo Iglesias. Porque Juan Roig nos comprende y también la reina Letizia. Y sonríen siempre, no como tú, sieso.
Las amas de casa ya no se sentirán solas, el proletariado en general, porque una reina ha demostrado que quiere de verdad a sus súbditos comprando un lápiz de labios en el Mercadona de Aravaca, bueno, en uno de ellos, porque Mercadona va más allá de un no-lugar. Es un estado de ánimo. El mejor libro de autoayuda, aunque no te lleves nada.
La reina Letizia compra allí donde los pijos de izquierda nunca lo harían, porque todavía no se han enterado de que los privilegios de clase son una cuestión de gusto y que el glamour no entiende del clasismo. Ahí están los retratos de boda de las bisabuelas después de guerra. Nunca hubo miseria en el semblante de esas mujeres que miraban al vacío, ni en el de esos hombres, cuyos bisnietos van a Mercadona a por fajitas y nachos, acompañados de las novias, de los novios, felices de no haber experimentado la lucha de clases porque una reina decidió comprar Deliplus en un Mercadona de Aravaca. @mundiario