Sudán: las atrocidades en El Fasher claman por un alto el fuego real y verificable
La guerra entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), antiguos aliados convertidos en enemigos irreconciliables, ha entrado en una fase todavía más brutal. Desde abril de 2023, ambos bandos se disputan territorio y poder, pero la reciente captura de El Fasher —último bastión del Ejército en la región de Darfur del Norte— por parte del RSF ha elevado la violencia a un nivel que organismos internacionales describen como “horror sin precedentes”.
Las imágenes satelitales y los testimonios recopilados por investigadores independientes confirman lo que ya se temía tras el estallido de violencia: la ciudad se ha convertido en una “escena de crimen a gran escala”. Puntos de incineración, fosas comunes recién excavadas y extensas áreas urbanas vacías revelan la magnitud de las masacres cometidas tras un asedio de 500 días que provocó hambruna deliberada, ejecuciones y abusos sistemáticos sobre unas 260.000 personas que quedaron atrapadas en la ciudad a finales de octubre y principios de noviembre de 2025.
Diversos análisis internacionales apuntan a que la cifra de muertos en El Fasher podría superar los 60.000 en tan solo tres semanas, según un informe compartido con parlamentarios británicos. Hasta 150.000 habitantes siguen desaparecidos desde la caída de la ciudad el 26 de octubre. No hay evidencias de que hayan huido, lo que incrementa el temor a que una parte importante de la población haya sido asesinada o se encuentre bajo control forzoso.
El Yale Humanitarian Research Lab confirma que los mercados están abandonados y cubiertos de maleza, el ganado ha desaparecido y las calles muestran signos de despoblación extrema. “Empieza a parecer un matadero”, señaló su director, Nathaniel Raymond.
Mientras el mundo sigue asimilando la magnitud de las atrocidades en El Fasher, la violencia se extiende a los estados de Kordofán (centro del país), donde el RSF tomó la ciudad de Bara. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, advierte de que el ciclo de crímenes se está replicando peligrosamente: bombardeos aéreos, ejecuciones sumarias, violencia sexual, reclutamiento forzado —incluida la de niños— y miles de desplazados.
Al menos 269 civiles han muerto en las últimas semanas por ataques aéreos y artillería, aunque las interrupciones de comunicaciones y los bloqueos informativos sugieren que la cifra real es mayor. Una ofensiva con drones del RSF mató a 45 personas en El Obeid, mientras que un bombardeo del Ejército en Kauda causó casi 50 muertes adicionales.
Para las agencias humanitarias que operan en Sudán, la situación es insostenible ya que las rutas de ayuda están cortadas, el acceso a alimentos se reduce y los desplazamientos masivos ponen a millones de personas al borde de la hambruna.
La presión internacional aumenta, pero los intentos de tregua fracasan
A pesar de múltiples esfuerzos diplomáticos, cada alto el fuego previo ha durado apenas días. Estados Unidos evalúa endurecer significativamente las sanciones contra los líderes de ambos bandos y ampliar el alcance del embargo de armas. La intervención personal del presidente Donald Trump —solicitada por el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman— no ha producido avances concretos, aunque Washington insiste en que solo una ofensiva diplomática más firme podrá detener la guerra.
El plan de paz impulsado por el “grupo de los cuatro” (EE UU, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto) proponía un alto el fuego humanitario de tres meses y un proceso político de nueve. Pero el Ejército rechazó la propuesta, acusando a los mediadores de favorecer al RSF, mientras que los paramilitares continuaron atacando incluso después de expresar su apoyo inicial.
El tablero regional complica la búsqueda de una salida. El conflicto no es solo interno; las lealtades externas profundizan la guerra. Arabia Saudí y Egipto apoyan al Ejército, intentando mantener estructuras estatales tradicionales. Los Emiratos Árabes Unidos son señalados como apoyo clave del RSF, pese a sus negativas.
Este entramado dificulta que las potencias impliquen presión equilibrada para forzar un cese de hostilidades. Sin embargo, una escalada prolongada podría desestabilizar una región entera ya afectada por conflictos en Etiopía, Chad y Sudán del Sur.
Noruega prepara una conferencia en Oslo que reunirá a actores civiles sudaneses con el objetivo de diseñar un marco político para el “día después” de la guerra. Pero sin una tregua verificable —y sin el cumplimiento estricto de un embargo de armas— estos esfuerzos permanecen condicionados por la continuidad de la violencia.
#Sudan: We must not allow Kordofan to become another El Fasher - UN Human Rights Chief @volker_turk urges parties to halt fighting, allow unimpeded flow of aid & provide safe passage for those fleeing the horror of famine, death & destruction.https://t.co/V58YIOLTB5 pic.twitter.com/QDgIdYQ6lP
— UN Human Rights (@UNHumanRights) December 4, 2025
El riesgo de un colapso total
La ONU calcula 40.000 muertos y más de 14 millones de desplazados, aunque organizaciones independientes sostienen que las cifras reales podrían duplicarse dadas las limitaciones para acceder a zonas controladas por el RSF. El colapso social y económico es evidente: ciudades enteras arrasadas, servicios públicos inexistentes y regiones enteras sin comunicación.
Los analistas coinciden en que Sudán se acerca a una fragmentación irreversible si el conflicto continúa. Para Türk, evitar otro “El Fasher” en Kordofán exige frenar inmediatamente el suministro de armas y obligar a las partes a un alto el fuego verificable.
Las masacres atribuidas al RSF y la imposibilidad de localizar a decenas de miles de civiles han generado una reacción internacional de estupor y alarma. Sin embargo, la magnitud de las atrocidades contrasta con la falta de una solución política viable y con la dificultad de imponer un alto el fuego que no se desmorone en cuestión de días. @mundiario


