Más turistas, menos aglomeraciones: la estrategia japonesa que Europa ignora

Japón superó los 40 millones de turistas en 2025 y planea alcanzar 60 millones en 2030. Al mismo tiempo, duplicará las zonas protegidas para evitar aglomeraciones y preservar el patrimonio, combinando crecimiento económico con sostenibilidad y calidad de vida.
Vistas de Córdoba  / Turismo de Córdoba
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Mientras en muchas ciudades europeas, incluida España, el turismo masivo genera debates sobre límites y congestión, Japón se prepara para un escenario que podría parecer contradictorio: aumentar su número de visitantes de 40 a 60 millones anuales para 2030 y, al mismo tiempo, duplicar las zonas protegidas frente al exceso turístico. Esta estrategia refleja un planteamiento distinto, en el que la masificación no se combate con freno, sino con gestión y previsión.

El país ha superado los 40 millones de turistas en 2025, un récord acompañado de un gasto turístico histórico. Sin embargo, lejos de asumir que más visitantes significan más problemas, las autoridades niponas quieren aprovechar esta oportunidad económica controlando sus efectos negativos. En lugar de impedir el flujo, buscan una distribución más racional de los turistas por todo el territorio.

Redistribuir para no colapsar

El plan japonés para 2026-2030 no se centra en limitar el turismo, sino en hacerlo más sostenible. La clave está en los flujos turísticos: se refuerzan los controles en destinos saturados y se promueve la visita a regiones menos conocidas. Así, el turismo se convierte en un recurso repartido, no en un imán de aglomeraciones.

Los gobiernos locales diseñan estrategias adaptadas a sus contextos, desde sistemas de reserva de entradas hasta mejoras de infraestructura básica, como baños y papeleras. También se contemplan medidas contra el ruido, el hacinamiento y la presión sobre los servicios públicos. La idea es anticiparse a los problemas, no esperar a que estallen, algo que muchos destinos europeos aún no han logrado implementar de manera efectiva.

Esta visión permite mantener un turismo intenso sin sacrificar la calidad de vida de los residentes. En esencia, Japón busca un equilibrio: crecimiento económico sin que la experiencia ni el entorno se deterioren.

Europa podría aprender de Japón

En ciudades españolas como Barcelona o Madrid, el enfoque se ha centrado en limitar el impacto del turismo en zonas concretas, pero con poca estrategia para diversificar destinos o redistribuir visitantes. Esto ha generado tensiones con la población local y debates sobre tasas y restricciones. Japón, en cambio, asume que el turismo seguirá creciendo y plantea formas de compatibilizar esa realidad con la protección del patrimonio y el bienestar ciudadano.

La lección que deja el ejemplo japonés es clara: no se trata solo de decidir cuántos turistas recibir, sino de cómo gestionarlos. Implica planificación, inversión y, sobre todo, voluntad política para anticipar problemas en lugar de reaccionar tarde. Europa y España podrían aprovechar esta perspectiva para reconducir su turismo masivo hacia modelos más sostenibles, donde los visitantes no sean un problema, sino una oportunidad equilibrada con la vida cotidiana de las ciudades.

Si se aplica esta lógica, la masificación deja de ser un enemigo y se transforma en un desafío gestionable. La experiencia japonesa demuestra que es posible crecer sin renunciar a la protección del patrimonio y al bienestar ciudadano, un ejemplo que urge considerar en un continente donde las cifras de turismo no dejan de aumentar. @mundiario

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