Su mano me soltó de repente y su cuerpo desapareció bajo el sol...

Unos pájaros salieron volando / Maribel Zamudio
Unos pájaros salieron volando / Maribel Zamudio

A lo largo de los años he repetido en sueños la misma pesadilla: corro y corro con todas mis fuerzas pero el final del camino está cada vez más lejos, como si yo misma lo fuese alejando con cada paso que doy.

Su mano me soltó de repente y su cuerpo desapareció bajo el sol...

Volvíamos de la tienda de Teresa un caluroso sábado de mayo. Pasamos por el camino del carro, delante del edificio de la telefónica y de la finca de los caballos. Le pedí una pastilla de chocolate y me la dio, no sin antes refunfuñar y decirme como siempre a esa hora del mediodía: ¡no se debe comer entre horas hija!

Su mano me soltó de repente y su cuerpo desapareció bajo el sol. Unos pájaros salieron volando y el tiempo se detuvo un segundo.

Aquellos cincuenta metros fueron los más largos que jamás he recorrido. ¿Cuántas veces retuve la respiración? ¿Cuántos pequeños pasos debieron dar mis minúsculos pies para llegar hasta la casa de mi tía? ¿Cuántas patadas en aquel viejo y oxidado portal verde, para gritar que vinieran? No grité. El miedo me había dejado muda.

A lo largo de los años he repetido en sueños la misma pesadilla: corro y corro con todas mis fuerzas pero el final del camino está cada vez más lejos, como si yo misma lo fuese alejando con cada paso que doy.

Todos se apresuraban y me miraban a hurtadillas. Sus caras serias, sus susurros… el sonido de la ambulancia resonaba en mi cabeza.

Me quedé sentada durante horas en la escalera del patio. Me quedé mirando los geranios rojos del muro blanco que había enfrente de la escalera. Me hacía preguntas estúpidas. Las preguntas de una niña de seis años: no debí haberle pedido el chocolate; tendría que haber corrido más rápido; no tenía que haberme calzado los zuecos; se me olvidó decirle que se pusiera un sombrero; si se salva prometo ser buena siempre; prometo traer buenas notas; no la dejaré sola nunca.

Se salvó. Esa vez se salvó. Regresó a casa y celebramos mi cumpleaños con una tarta de fresas. 

No siempre fui buena.

Casi siempre tuve buenas notas.

La tarta de fresas sigue siendo mi preferida.

 

Su mano me soltó de repente y su cuerpo desapareció bajo el sol...
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